La vida y los recursos limitados en el universo: ¿tenía razón la premisa de Thanos?

13 Oct 2025

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La vida y los recursos limitados en el universo: ¿tenía razón la premisa de Thanos?

Introducción

En Avengers: Infinity War, el villano Thanos propone que la vida del universo enfrenta recursos limitados, por lo que eliminar a la mitad de los seres aliviaría la escasez. Esta premisa, aunque extrema, refleja preocupaciones malthusianas clásicas sobre sobrepoblación y agotamiento de recursos. Pero ¿qué tan válida es esta idea a la luz de la ciencia y los datos reales? En este informe analizaremos la cuestión desde tres perspectivas: (1) la de formas de vida eficientes, que utilizan recursos de forma sostenible; (2) la de formas de vida “desperdiciadoras”, cuyo consumo excesivo pone a prueba los límites planetarios; y (3) una perspectiva cósmica, explorando cómo la vida avanzada podría expandirse más allá de su mundo natal para aprovechar recursos adicionales. Con datos duros y estudios serios, examinaremos si realmente las formas de vida están condenadas por recursos finitos o si la tecnología y la expansión espacial ofrecen salidas a este aparente dilema.

Vida eficiente: sistemas biológicos sostenibles

A lo largo de la historia natural, muchas formas de vida han coexistido sin agotar irreversiblemente su entorno inmediato. Los ecosistemas maduros logran un equilibrio donde los desechos de unas especies son recursos para otras, formando ciclos eficientes de nutrientes y energía. Por ejemplo, en un bosque intacto, las plantas convierten energía solar en biomasa (alimentos) con una eficiencia fotosintética modesta (~3-6% de la luz se convierte en materia orgánica), pero esa energía es reciclada: los herbívoros consumen plantas, los carnívoros comen herbívoros, y los descomponedores reintegran nutrientes al suelo. Este ciclo cerrado permite que la vida simple (microbios, plantas) y la vida compleja (animales) coexistan durante milenios sin agotar sus fuentes; la biosfera terrestre ha persistido ~3.5 mil millones de años gracias a dichos equilibrios. En términos de eficiencia energética, organismos pequeños como bacterias o insectos tienen tasas metabólicas totales bajas comparadas con su entorno, y pueden entrar en estados latentes cuando los recursos escasean, sobreviviendo con un mínimo. Incluso las estrellas más pequeñas en el universo ofrecen una analogía de eficiencia: las enanas rojas “queman” su combustible de hidrógeno tan lentamente que pueden brillar durante billones de años, mucho más que estrellas grandes como el Sol. Esta longevidad estelar (trillones de años) en comparación con la edad actual del universo (~13.8 mil millones de años) muestra que, bajo ciertas condiciones, el consumo lento y eficiente de recursos puede sostener la vida por periodos extraordinariamente largos.

Sin embargo, la eficiencia tiene límites. Si una especie simple (por ejemplo, bacterias en una placa de Petri) dispone de abundante alimento, su población puede crecer exponencialmente hasta consumirlo todo, entrando luego en colapso por falta de nutrientes. En la naturaleza, esto suele evitarse porque surgen retroalimentaciones negativas: la escasez frena la reproducción, o aumentan depredadores/enfermedades, estabilizando la población. Así, la premisa de Thanos ignora que los sistemas biológicos tienden a autorregularse en entornos limitados. De hecho, en humanos se ha observado que las tasas de natalidad tienden a disminuir conforme mejoran la educación y la calidad de vida, frenando el crecimiento poblacional de forma voluntaria. Las proyecciones demográficas de la ONU indican que la población mundial podría estabilizarse en torno a 10–10.4 mil millones de personas para finales de este siglo, para luego declinar ligeramente, gracias a la caída generalizada de la natalidad. Es decir, la vida inteligente puede adaptar su comportamiento antes de agotar por completo los recursos disponibles, algo que Thanos pasó por alto. En resumen, muchas formas de vida –especialmente las simples o aquellas en ecosistemas balanceados– muestran que es posible perdurar eficientemente, usando y reciclando recursos sin precipitar la escasez inmediata.

Vida desperdiciadora: consumo excesivo y límites planetarios

Imagen 1: Vista global de la Tierra de noche (NASA, 2012). Las luces nocturnas evidencian la huella energética humana, concentrada en áreas urbanas densas.

En contraste, la vida compleja e inteligente puede ejercer presiones sin precedentes sobre los recursos. El ejemplo más claro somos los seres humanos. Nuestra especie, con apenas ~0.01% de la biomasa de la Tierra, ha alterado profundamente los flujos de materia y energía del planeta. Hoy la humanidad consume recursos naturales a un ritmo 1.7 veces superior a la capacidad de regeneración de la biosfera, según los cálculos de la Huella Ecológica global. Esto equivale a decir que requeriríamos 1.7 Tierras para mantener indefinidamente el nivel de consumo actual, lo que obviamente no es sostenible. Gran parte de este impacto proviene de fuentes de energía no renovables (combustibles fósiles) y de la sobreexplotación de ecosistemas para agricultura, pesca y otras actividades. De hecho, los humanos apropiamos cerca del 25% de la producción primaria neta terrestre (la biomasa que las plantas generan por fotosíntesis) para alimentarnos y proveer madera, fibras, etc.
pmc.ncbi.nlm.nih.gov. Esto deja menos recursos disponibles para el resto de especies y ha contribuido a una alarmante pérdida de biodiversidad.

La distribución del consumo, además, es extremadamente desigual: un estudio de Oxfam citado por Univision señala que el 10% más rico de la población mundial genera aproximadamente la mitad de las emisiones de CO₂, y una persona del 1% más rico usa en promedio 175 veces más energía que alguien del 10% más pobre. Esto implica que la escasez no es solo un problema de cuántas vidas existen, sino de cómo consumen. Reducir la población (como proponía Thanos) “al azar” no resolvería la presión si quienes quedan mantienen hábitos altamente derrochadores. Un planeta donde unos pocos viven con gran lujo tecnológico puede agotar ciertos recursos tan rápido como otro con mayor población pero hábitos frugales.

La historia nos brinda ejemplos de colapsos locales por consumo insostenible. Civilizaciones antiguas como la Maya podrían haber sucumbido en parte por sobrepoblación y sobreexplotación agrícola que, sumadas a sequías, llevaron a guerras por recursos y abandono de ciudades. En la isla de Pascua, una sociedad aislada agotó sus bosques para construir estatuas y canoas, lo que colapsó su ecosistema y población (según interpretaciones clásicas de su historia). Estos casos ilustran que, en entornos cerrados, un crecimiento descontrolado y un uso imprudente de recursos llevan al desastre. Incluso eventos externos como la Peste Negra en Europa (s. XIV), que diezmó la población en un ~40-50%, resultaron en un aumento temporal del nivel de vida de los sobrevivientes (más recursos per cápita); sin embargo, con el tiempo la población se recuperó y la mayoría de las ganancias se desvanecieron. Esto confirma el modelo malthusiano de que los beneficios de una reducción drástica de población son pasajeros si no hay cambios estructurales en productividad o hábitos.

Afortunadamente, la humanidad ha encontrado hasta ahora formas de aumentar la disponibilidad de recursos por persona mediante la tecnología. La llamada Revolución Verde en el siglo XX multiplicó la producción de alimentos, alejándonos de las hambrunas masivas que se pronosticaban. Los avances en energía (desde hidrocarburos hasta renovables) han elevado nuestro “techo” de recursos. Por ejemplo, la Tierra recibe del Sol unos 1.74 × 10^17 watts de potencia constante en forma de radiación; todo el consumo energético humano es del orden de 1.5 × 10^13 W, apenas 0.01% de la entrada solar. Esto sugiere que, en teoría, si logramos usar más eficientemente la energía solar (por ejemplo, con paneles solares masivos, mejores cultivos o nuevas tecnologías), podríamos sostener a una población mucho mayor o un estándar de vida más alto dentro de los límites terrestres. Estudios de NASA indican que aprovechando al máximo la fotosíntesis y la tierra disponible, la Tierra podría alimentar potencialmente a decenas de veces la población actual (quizá hasta billones de personas) antes de agotar por completo su cuota solar. Claro está, otros límites prácticos (agua dulce, minerales, espacio habitable, impacto ambiental) seguramente intervendrían mucho antes. De hecho, si la población y el consumo siguieran creciendo exponencialmente, incluso esta abundancia llegaría a un límite: a una tasa de crecimiento modesta del 1.1% anual, alcanzaríamos el máximo aprovechamiento alimentario del planeta en unos 900 años. Este ejercicio subraya que el crecimiento perpetuo no es viable en un entorno finito, algo en lo que Thanos acertó en principio. Pero el error de esa lógica fatalista es suponer que la única solución es frenar la vida; la alternativa es expandir los horizontes de lo que consideramos “el entorno”.

Más allá del planeta: recursos cósmicos y expansión al espacio

Imagen 2: Representación artística de una Esfera de Dyson, megaestructura hipotética que rodearía una estrella para capturar el 100% de su energía. En la escala de Kardashov, una civilización de Tipo II aprovecharía la potencia equivalente al Sol completo (~10^26 W).

Si la vida evoluciona al punto de poder abandonar su planeta natal, se abren oportunidades vastísimas para aliviar la presión sobre recursos. La premisa de “recursos limitados” se vuelve relativa cuando consideramos la cantidad de materia y energía disponible en el espacio. Por ejemplo, el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter contiene inmensas reservas de metales y compuestos volátiles. Ya hoy se planean misiones de minería espacial: la NASA lanzó en 2023 la sonda Psyche hacia un asteroide metálico rico en hierro, níquel y metales preciosos, con valor estimado en 10,000 cuatrillones de dólares (90 veces la economía global). Según informes periodísticos, esta industria naciente “promete recursos casi ilimitados y evitar que la humanidad siga destrozando la Tierra” mediante la explotación extraterrestre. No es exagerado: algunos asteroides relativamente pequeños (de decenas de metros) contienen cientos de miles de kg de metales valiosos, incluyendo platino y oro. Un solo asteroide grande como 16 Psyche (222 km de diámetro) podría proveer más hierro, níquel y oro del que la humanidad ha consumido en toda su historia. En términos económicos, se han catalogado más de 700 asteroides cercanos con un valor teórico superior a $100 billones (10^14) cada uno. Por supuesto, extraer y transportar esos materiales es un desafío enorme –implicará desarrollos en propulsión, robótica y reducción de costos de lanzamiento–, pero los recursos existen.

Además de minerales, el espacio brinda energía prácticamente ilimitada. Una civilización que construyera estructuras en órbita (como satélites solares gigantes) podría colectar mucho más que el 0.01% de la luz solar que hoy aprovechamos. Geosynchronous orbit (órbita geoestacionaria) abarca un área 44 veces mayor que la sección del planeta que intercepta luz solar, y una constelación de recolectores a esa distancia multiplicaría por decenas la energía utilizable. Una órbita a la distancia de la Luna abarca 3,640 veces más área de recolección solar que la Tierra. Y si imaginamos una Esfera de Dyson rodeando por completo al Sol, capturaríamos ≈2 × 10^9 veces la energía que recibe la Tierra. Esto equivale a ~4 × 10^26 W de potencia continua –una cifra astronómica, pero conceptualmente al alcance de una hipotética civilización de Tipo II. Con tal energía, los límites materiales se difuminan: se podría sintetizar alimentos, reciclar todos los desechos, construir habitats espaciales autosuficientes, etc. En otras palabras, el cosmos ofrece la posibilidad de convertirnos en “derrochadores sostenibles”, usando enormes cantidades de recursos sin agotar ningún planeta en particular.

Por supuesto, incluso esos recursos inmensos no son verdaderamente infinitos. Si una población siguiera creciendo exponencialmente, podría en teoría consumir la totalidad de la producción de su estrella en algunos milenios. De hecho, cálculos científicos muestran que al 1% de crecimiento anual, una civilización tardaría unos ~2000 años en usar toda la energía de una esfera de Dyson alrededor del Sol. La expansión debería continuar entonces hacia otras estrellas. ¿Cuántas? Nuestra galaxia tiene unos 100-400 mil millones de estrellas; el universo observable, billones de galaxias. Aunque finito, el inventario cósmico de energía y materia es tan vasto que resulta difícil concebir un límite práctico en escalas humanas. Por añadidura, las escalas de tiempo del universo superan por mucho las de la vida actual: como mencionamos, estrellas pequeñas brillarán durante billones de años, y podrían abastecer civilizaciones por un tiempo inconcebiblemente largo. En síntesis, si la vida logra saltar al espacio, la noción de “recursos limitados” se vuelve mucho más laxa. Una civilización tecnológicamente avanzada podría vivir en un estado de abundancia post-escasez en el que materias primas de asteroides, energía solar y otros planetas sostengan poblaciones y niveles de consumo muy superiores a los actuales, sin los impactos ecológicos devastadores concentrados en un solo mundo.

Cabe destacar, sin embargo, que alcanzar ese estado exige superar grandes obstáculos. Primero, la especie debe sobrevivir a su etapa “pre-espacial” sin colapsar por mal manejo de recursos (lo que algunos llaman el Gran Filtro). Segundo, la expansión debe ser ética y organizada: de poco sirve acceder a asteroides si se reproducen los mismos patrones de despilfarro e inequidad a escala solar. Idealmente, la conciencia ecológica que hoy aplicamos a la Tierra se extendería al uso responsable de los recursos del Sistema Solar. Así, la eficiencia y la moderación seguirían siendo virtudes, incluso en un mar de abundancia.

Conclusiones

La premisa de Thanos partía de una verdad básica –los recursos físicos en cualquier entorno dado son finitos–, pero ignoraba la complejidad con que la vida y la inteligencia abordan ese problema. La vida eficiente, como vemos en ecosistemas naturales, tiende a autorregularse y reciclar insumos, pudiendo perdurar durante eras sin agotarlo todo. La vida derrochadora, ejemplificada por los patrones de consumo humano actuales, sí puede llevar a crisis de escasez y daño ecológico, pero incluso en este caso la solución no es una matanza cósmica sino cambiar la forma en que vivimos: adoptar tecnologías limpias, controlar el crecimiento poblacional de manera ética (como está ocurriendo espontáneamente con menor natalidad) y distribuir mejor la riqueza para reducir el despilfarro. La ciencia nos muestra que el ingenio humano ha ampliado antes los límites (revoluciones agrícolas e industriales) y podría hacerlo de nuevo.

Mirando al futuro, los recursos disponibles en el universo cercano son astronómicamente mayores que los de nuestro pequeño planeta. Aprovechar asteroides, otros planetas y la energía estelar podría sostener órdenes de magnitud más población con altos niveles de vida, removiendo la presión de la Tierra. En un universo de 13,800 millones de años de antigüedad que aún tendrá soles encendidos por billones de años más, la vida no está necesariamente condenada a pelearse por las migajas. Más bien, nuestra supervivencia a largo plazo depende de cómo de inteligentes y compasivas sean nuestras decisiones. Como resumió un analista, “Thanos estaba equivocado” en creer que estábamos ante un callejón sin salida: la innovación y la cooperación pueden elevar la disponibilidad efectiva de recursos mucho más que cualquier plan genocida. En última instancia, la cuestión de los recursos limitados nos invita a reflexionar sobre el camino de la civilización: podemos elegir ser una especie sostenible que vive en armonía con su mundo, o una especie exploradora que lleva la vida a nuevos mundos –o, esperemos, ambas cosas. Si lo hacemos bien, las posibilidades de la vida son tan ilimitadas como el mismo universo.

Fuentes consultadas: Thanos y la discusión neo-malthusiana; datos de consumo humano y población (Univision/Oxfam, ONU)
Límites biofísicos de la Tierra (NASA, Global Footprint) ntrs.nasa.gov
overshoot.footprintnetwork.org; minería de asteroides y expansión espacial (El Confidencial, Wikipedia); escalas cósmicas de energía y tiempo (NASA, Britannica)
ntrs.nasa.govbritannica.com, entre otros.


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