10 de los animales más extraños que han existido

16 Jun 2025

Imagen destacada: 10 de los animales más extraños que han existido

Hallucigenia

🦠 1. Hallucigenia: la criatura que nadie entendía

En los fondos marinos del período Cámbrico, hace más de 500 millones de años, vivía uno de los animales más desconcertantes jamás descubiertos: el Hallucigenia.

Este pequeño invertebrado, de apenas unos centímetros de largo, parecía diseñado por alguien en medio de un sueño psicodélico. Su cuerpo era alargado, segmentado, y cubierto de patas blandas por un lado y afiladas espinas dorsales por el otro. Por décadas, los paleontólogos no sabían si estaban viendo al animal al derecho o al revés, ni cuál era su cabeza y cuál su cola. Literalmente, se reconstruyó al revés durante años.

Se cree que caminaba con sus patas blandas sobre el fondo oceánico, mientras sus espinas lo protegían de los depredadores de la época, como el Anomalocaris. No tenía ojos como los conocemos, ni mandíbulas verdaderas, sino una boca simple, quizás con dentículos en forma de peine.

El Hallucigenia es un perfecto ejemplo de cuán experimental fue la evolución temprana de los animales. Hoy, gracias a fósiles excepcionalmente conservados y reconstrucciones digitales, podemos vislumbrar su extraña belleza y su lugar en la historia de la vida.

Helicoprion

🦈 2. Helicoprion: el tiburón con sierra en la boca

Imagina abrir la boca y que, en lugar de dientes normales, te brote una espiral de cuchillas dentadas como una sierra circular. Eso, básicamente, era el Helicoprion, uno de los depredadores más raros de los mares prehistóricos.

Vivió hace unos 290 millones de años, mucho antes de los dinosaurios, y su aspecto fue un misterio durante más de un siglo. ¿Por qué? Porque los únicos fósiles que se conservaban eran precisamente esa extraña mandíbula en forma de espiral, una estructura única en todo el reino animal.

Durante años, los científicos debatieron dónde iba colocada esa espiral: ¿en la nariz?, ¿en la aleta?, ¿en el lomo? Finalmente, se determinó que era parte de su mandíbula inferior. La teoría más aceptada es que el Helicoprion usaba esa sierra para triturar presas de cuerpo blando como calamares o peces sin escamas, enrollando su mandíbula como un sacapuntas mortal.

No tenía dientes en la parte superior, y probablemente su forma de morder era más parecida a una cizalla giratoria que a la de un tiburón moderno.

A pesar de su aspecto terrorífico, no era un monstruo gigante: medía entre 4 y 7 metros, aunque su mandíbula de sierra podía superar los 50 centímetros de diámetro.

El Helicoprion sigue siendo un enigma fascinante de la evolución marina. Su existencia demuestra que la naturaleza ha probado ideas asombrosas… algunas tan salvajes que parecen sacadas de una película de ciencia ficción.


Atopodentatus

🐊 3. Atopodentatus: el reptil con boca en forma de rastrillo

Entre todos los animales prehistóricos, pocos han generado tanta confusión como el Atopodentatus unicus. Su nombre significa literalmente “único con dientes fuera de lugar”, y no es para menos: su cráneo tenía forma de letra “T”, y su boca parecía una herramienta de jardinería más que una mandíbula natural.

Este reptil marino vivió hace unos 240 millones de años, durante el período Triásico, y medía aproximadamente 3 metros de largo. Al principio, los científicos pensaron que su mandíbula era parecida a la de un flamenco, adaptada para filtrar alimento. Pero nuevas reconstrucciones revelaron algo aún más extraño: una boca horizontal en forma de paleta con dientes alineados como un rastrillo doble.

¿Cómo comía? Se cree que Atopodentatus raspaba algas adheridas a las rocas del fondo marino y las succionaba con su mandíbula dentada. Era uno de los pocos reptiles marinos herbívoros conocidos, lo cual lo hace aún más inusual en un ecosistema donde predominaban los carnívoros.

Su estructura ósea es tan única que no se parece a ningún otro animal antes o después. Su descubrimiento reconfiguró lo que sabíamos sobre la alimentación marina en esa época y demostró que la naturaleza estaba más dispuesta a experimentar de lo que jamás imaginamos.

Titanoboa

🐍 4. Titanoboa: la serpiente más grande que ha existido

Imagina una serpiente tan colosal que podría aplastar a un cocodrilo con su propio peso. Eso fue la Titanoboa cerrejonensis, el depredador más aterrador del mundo después de la extinción de los dinosaurios. Su nombre no exagera: “Titanoboa” significa “boa titánica”, y con justa razón.

Esta criatura habitó los pantanos tropicales de lo que hoy es Colombia hace unos 60 millones de años, durante el Paleoceno. Los fósiles hallados indican que esta serpiente podía medir hasta 14 metros de largo (casi lo mismo que un autobús escolar) y pesar más de 1,200 kilos. Para que te des una idea, supera por mucho a la anaconda o pitón actual, tanto en largo como en grosor.

A diferencia de las serpientes venenosas, la Titanoboa era constrictora, es decir, mataba a sus presas envolviéndolas y asfixiándolas lentamente. Probablemente cazaba grandes peces, tortugas e incluso cocodrilos prehistóricos en las aguas cálidas del bosque tropical.

Su descubrimiento revolucionó lo que se pensaba sobre el clima de aquella época: para que un reptil de sangre fría alcanzara ese tamaño, se necesitaban temperaturas tropicales constantes, más cálidas que las actuales.

La Titanoboa es una muestra de que, después de los dinosaurios, el mundo no fue menos salvaje… solo cambió de protagonistas.

Odontogriphus

🐛 5. Odontogriphus: el deslizante con dientes de lima

En lo profundo de los mares del período Cámbrico, hace más de 500 millones de años, se arrastraba una criatura que, a simple vista, parecía insignificante… hasta que los científicos vieron su boca: una cinta dentada similar a una lima o rallador de queso.

Así era el Odontogriphus omalus, cuyo nombre significa “criatura de mandíbula dentada”. Medía apenas unos centímetros de largo y tenía un cuerpo blando, ovalado y sin caparazón. Se desplazaba por el fondo marino usando una especie de "pie" musculoso, similar al de una babosa, dejando un rastro viscoso mientras se alimentaba de microalgas o materia orgánica.

Lo más extraño de este animal era su boca. No tenía dientes organizados como los nuestros, sino una estructura radular, parecida a una lengua rugosa con minúsculas hileras de dientes curvados, que probablemente usaba para raspar su alimento de las rocas.

A pesar de su tamaño, el Odontogriphus es clave en la evolución de los moluscos. Su cuerpo segmentado y boca especializada lo posicionan como un posible antepasado de caracoles, babosas y otros animales marinos modernos.

Este “raspador primitivo” demuestra que incluso los animales más simples del pasado tenían herramientas complejas y únicas para sobrevivir en un mundo en constante transformación.

Stupendemys

🐢 6. Stupendemys: la tortuga gigante de Sudamérica

Si piensas que las tortugas son criaturas tranquilas y pequeñas, prepárate para cambiar de idea. Hace unos 5 a 10 millones de años, en los ríos y humedales del Mioceno sudamericano, vivía la tortuga más grande que ha existido en la historia del planeta: la imponente Stupendemys geographicus.

Este coloso acorazado podía alcanzar hasta 3.5 metros de largo y pesar más de 1,100 kilos, lo que la hacía más grande que un auto compacto. Su caparazón era tan ancho que se piensa que incluso caimanes o jaguares prehistóricos podrían haberlo usado como “sombrilla flotante”.

Pero lo que realmente sorprendió a los paleontólogos fue el descubrimiento de grandes cuernos óseos en los costados del caparazón de algunos ejemplares. Se cree que eran exclusivos de los machos y que servían para luchar entre ellos, de forma muy parecida a como lo hacen algunos ciervos o rinocerontes actuales. Esto no solo es raro en tortugas, sino que también sugiere un comportamiento social más complejo de lo que se pensaba.

Stupendemys compartía su ecosistema con cocodrilos gigantes y peces enormes, por lo que su gran tamaño probablemente le ofrecía una defensa natural frente a muchos depredadores.

Hoy en día, sus fósiles se han encontrado en Venezuela, Colombia y Brasil, revelando que Sudamérica fue hogar de una megafauna fluvial tan diversa como asombrosa.

Esta tortuga no solo fue "grande" en tamaño, sino en impacto evolutivo y ecológico.


Wiwaxia

🐚 7. Wiwaxia: la babosa medieval del Cámbrico

La naturaleza no deja de sorprendernos con sus diseños, y uno de los más peculiares surgió hace más de 500 millones de años en los océanos del período Cámbrico. Hablamos de la enigmática Wiwaxia corrugata, una criatura tan extraña que parece sacada de una fábula de armaduras y espinas.

La Wiwaxia tenía un cuerpo blando, alargado y ovalado, muy similar al de una babosa, pero completamente cubierto por placas rígidas y espinas dorsales en forma de aguja que salían como una corona afilada de su espalda. No tenía ojos ni patas visibles, pero se movía lentamente sobre el fondo marino usando un pie musculoso en su parte inferior, muy similar al de los moluscos actuales.

Su tamaño era pequeño, de apenas unos 5 a 50 milímetros, pero su aspecto intimidante lo protegía de muchos depredadores de la época, como el temible Anomalocaris. Las placas que recubrían su cuerpo eran como un escudo natural, y las espinas probablemente disuadían cualquier intento de ser tragada.

Wiwaxia ha sido muy difícil de clasificar: algunos científicos la consideran una pariente temprana de los moluscos, otros la colocan más cerca de los anélidos (como las lombrices marinas). Lo cierto es que su diseño parece una combinación entre una babosa, un erizo y una máquina de guerra antigua.

Es un recordatorio viviente (o mejor dicho, fósil) de que en el pasado la evolución probó todas las formas posibles de supervivencia, incluso las que parecen imposibles.


Vampyroteuthis infernalis

🦑 8. Vampyroteuthis infernalis: el calamar vampiro del infierno

Con un nombre que parece sacado de una película de terror —Vampyroteuthis infernalis, literalmente “calamar vampiro del infierno”— esta criatura no solo impresiona por su aspecto, sino también por su capacidad de adaptación extrema.

No es ni un calamar ni un pulpo en sentido estricto, sino un pariente antiguo de ambos. Es un fósil viviente, es decir, una especie que ha cambiado muy poco desde tiempos remotos y que sigue viva hoy. Habita las zonas abisales del océano, a profundidades de entre 600 y 900 metros, donde la luz solar no llega y la presión aplasta cualquier forma de vida común.

Su cuerpo es gelatinoso, de un tono rojizo oscuro, y sus brazos están unidos por una membrana que recuerda a una capa de vampiro. Pero, a diferencia de lo que sugiere su nombre, no chupa sangre ni es depredador agresivo. Se alimenta de detritos orgánicos —restos de animales y microorganismos— que atrapa con un filamento retráctil parecido a una red.

Uno de sus trucos más asombrosos es su capacidad de emitir luz. Gracias a órganos bioluminiscentes, el calamar vampiro puede deslumbrar a posibles atacantes o volverse prácticamente invisible en la oscuridad abismal.

Su rareza no reside solo en su aspecto, sino en su estilo de vida. Vive en uno de los entornos más extremos de la Tierra, donde casi ninguna otra criatura podría sobrevivir. Es, en toda regla, una reliquia viviente de los antiguos océanos.

Anomalocaris


🦐 9. Anomalocaris: el depredador que parecía ensamblado por partes

Antes de que existieran los peces, tiburones o reptiles marinos, los océanos del período Cámbrico —hace más de 500 millones de años— estaban dominados por una criatura tan desconcertante que durante años se pensó que sus partes fosilizadas pertenecían a varios animales distintos. Su nombre: Anomalocaris, que literalmente significa “camarón anómalo”.

Este depredador marino podía alcanzar hasta un metro de longitud, lo cual era gigantesco para su tiempo. Tenía un cuerpo alargado y segmentado, aletas a los lados para nadar con gracia, un par de grandes ojos compuestos (similares a los de los insectos actuales), y dos apéndices frontales en forma de gancho que usaba para capturar a sus presas.

Pero lo más raro era su boca circular con placas dentadas en forma de piña, como una galleta de engranajes capaz de triturar exoesqueletos. Durante mucho tiempo, esta boca fue encontrada aislada y se creyó que era una medusa fosilizada.

Anomalocaris fue uno de los primeros superdepredadores del planeta. Cazaba trilobites, otro grupo icónico del Cámbrico, aunque hay debate sobre si podía realmente romper sus caparazones. Más allá de eso, su diseño corporal era tan extraño que desafió las clasificaciones biológicas tradicionales durante décadas.

Hoy sabemos que pertenecía a un grupo extinto llamado dinocarídidos, primos lejanos de los artrópodos actuales. Es una prueba viviente —bueno, fósil— de que la naturaleza siempre ha estado dispuesta a experimentar con formas que nos parecen casi alienígenas.

Deinocheirus

🦖 10. Deinocheirus: el dinosaurio que nadie se imaginaba así

Durante décadas, el Deinocheirus fue uno de los mayores misterios del mundo de los dinosaurios. ¿La razón? En los años 60 solo se habían descubierto dos brazos gigantescos, de más de 2 metros de largo, con garras curvas y afiladas. Por eso, los científicos pensaron que se trataba de un depredador brutal, quizás un primo del temido T. rex.

Pero en 2014, un hallazgo completo cambió por completo esa idea. Resulta que el Deinocheirus no era un carnívoro salvaje, sino un herbívoro jorobado y con pico de pato, que medía más de 11 metros de largo y tenía un aspecto completamente inesperado.

Su cuerpo era robusto, con una extraña joroba en la espalda formada por vértebras alargadas, un cuello largo, y un cráneo plano con un pico ancho que recordaba al de un ornitorrinco. Sus brazos, enormes y musculosos, no servían para atrapar presas, sino probablemente para arrancar ramas o excavar.

Además, tenía manos con garras, pero patas traseras anchas como las de un pato, lo cual sugiere que pasaba tiempo en zonas fangosas o húmedas. En el estómago de algunos fósiles se han encontrado restos de peces, lo que indica que también podía alimentarse de pequeños animales acuáticos.

El Deinocheirus es uno de los mejores ejemplos de cómo la paleontología está llena de sorpresas. Lo que parecía un monstruo temible terminó siendo un dinosaurio pacífico… pero con un estilo visual tan raro que parece sacado de un universo paralelo.


También podría interesarte