¿Por Qué Dormimos? Una Mirada Evolutiva al Misterio del Sueño
05 Aug 2025
El enigma evolutivo del sueño: ¿Por qué dormimos?
Dormir es una actividad universal pero misteriosa. Casi todos los animales, desde diminutos insectos hasta los humanos, pasan buena parte de su vida en estado de sueño. A primera vista parece un contrasentido evolutivo: mientras dormimos no comemos ni nos reproducimos, y quedamos vulnerables a depredadores scientificamerican.com. Sin embargo, la realidad es que nadie sabe a ciencia cierta por qué evolucionó el sueño scientificamerican.com. Lo que sí está claro es que, para haber perdurado pese a sus riesgos, el sueño debe proporcionar beneficios vitales. A continuación, exploraremos las principales teorías de su origen, las funciones que cumple en organismos simples y complejos, los hallazgos científicos más recientes sobre el tema, los casos más curiosos de sueño animal, y los misterios que aún persisten.
Teorías sobre la evolución del sueño
¿Por qué la evolución “inventó” el sueño? Existen varias hipótesis que intentan explicarlo:
- Inactividad adaptativa (teoría evolutiva): Propone que el sueño surgió para mantener a los animales quietos y a salvo durante las horas de mayor peligro o cuando hay menos alimento disponible scientificamerican.com. Por ejemplo, un murciélago que caza insectos nocturnos solo necesita estar despierto unas pocas horas cada noche; el resto del día duerme, evitando así exponerse a depredadores diurnos scientificamerican.com. De hecho, muchos patrones de sueño coinciden con nichos ecológicos: especies nocturnas duermen de día y viceversa, optimizando cuándo conviene estar activo o inactivo para sobrevivir. Estudios comparativos sugieren que la cantidad de sueño en cada especie se relaciona más con su nicho ecológico y sus necesidades de alimentación (el balance entre buscar comida y ahorrar energía) que con su inteligencia o tamaño cerebral pmc.ncbi.nlm.nih.gov. En otras palabras, el sueño habría evolucionado como una estrategia de ahorro de energía y manejo del tiempo en ambientes con ciclos día/noche.
- Restauración corporal y limpieza cerebral: Otra idea clásica es que el sueño permite reparar el cuerpo y el cerebro tras el desgaste de la vigilia. Durante el sueño profundo, por ejemplo, se segregan hormonas que ayudan al crecimiento y la regeneración celular. En años recientes surgió la hipótesis de que el cerebro aprovecha el sueño para drenar desechos tóxicos acumulados por la actividad neuronal. El llamado sistema “glinfático” del cerebro (una especie de sistema de limpieza) funciona mucho mejor cuando el cerebro está inactivo –como en el sueño no REM o bajo anestesia– que cuando estamos despiertos pmc.ncbi.nlm.nih.gov. En ratones, se ha visto que durante el sueño el flujo de líquido cefalorraquídeo en el cerebro aumenta, eliminando subproductos metabólicos como la beta-amiloide (una proteína vinculada al Alzheimer). Esto sugiere que dormir profundamente es como enviar al equipo de limpieza nocturna a nuestro cerebro. Efectivamente, la privación de sueño aumenta la acumulación de beta-amiloide en el hipocampo y otras áreas de la memoria lanacion.com.ar, y dormir bien se ha asociado con menor riesgo de demencia a largo plazo lanacion.com.ar.
- Consolidación de memoria y aprendizaje: Numerosos experimentos apoyan la idea de que dormir refuerza la memoria y las habilidades aprendidas. Nuestro cerebro repite y reorganiza las experiencias del día mientras dormimos lanacion.com.ar. Se han detectado patrones de actividad neuronal reproduciendo secuencias de aprendizaje durante el sueño, casi como si el cerebro “repasara” las lecciones del día. Por ejemplo, en un estudio, los científicos enseñaron a voluntarios varias asociaciones sonido-imagen, y luego reprodujeron algunos de esos sonidos mientras dormían: al despertar, los participantes recordaban mejor las imágenes ligadas a los sonidos reproducidos durante su sueño lanacion.com.ar. Además, el sueño parece reestructurar los recuerdos para convertirlos en narrativas más coherentes y ayuda a encontrar soluciones creativas a problemas lanacion.com.ar – de ahí el consejo de “consultarlo con la almohada”. Desde una perspectiva evolutiva, algunos expertos sugieren que cuando los primeros vertebrados desarrollaron cerebros más complejos y visión detallada, empezó a ser necesario un periodo offline para procesar información. Un estado de desconexión sensorial (predecesor del sueño) habría permitido consolidar la memoria a largo plazo sin interferencia del flujo sensorial constante revistacienciasunam.com revistacienciasunam.com. Esto mejoraba la eficacia del cerebro al despertar, compensando con creces el riesgo de estar temporalmente inactivo revistacienciasunam.com.
- Homeostasis sináptica: Una teoría más reciente, propuesta por los neurocientíficos Giulio Tononi y Chiara Cirelli, plantea que durante la vigilia nuestras neuronas forman multitud de conexiones (sinapsis) nuevas al aprender y experimentar cosas. El sueño –especialmente el sueño de ondas lentas (no REM)– serviría para podar las sinapsis “excedentes” y recalibrar los circuitos cerebrales, manteniendo el cerebro eficiente y evitando una sobrecarga pmc.ncbi.nlm.nih.gov. Es como si cada noche nuestro cerebro realizara una “desfragmentación de disco”, eliminando conexiones débiles o ruidos para dejar espacio y energía disponibles al día siguiente. Esta hipótesis de la homeostasis sináptica explica por qué tras un día lleno de estímulos tenemos tanto sueño: el cerebro necesita un reinicio para consolidar lo importante y limpiar lo superficial.
Cabe mencionar que ninguna teoría por sí sola ha conseguido explicar completamente el fenómeno del sueño ni la enorme diversidad de patrones de sueño entre especies. Lo más probable es que el sueño cumpla múltiples funciones a la vez, combinando beneficios neuronales, metabólicos y evolutivos. Como resume el biólogo Paul Manger, “el sorprendentemente escaso sueño de algunos animales deja en evidencia que varias teorías sobre la función del sueño quizá solo cuentan parte de la historia” theatlantic.com. En última instancia, el sueño parece ser un rasgo profundamente arraigado en la biología, con orígenes muy antiguos.
¿Para qué sirve el sueño en organismos simples y complejos?
Una pista sobre la importancia evolutiva del sueño es su presencia en casi todas las criaturas con sistema nervioso, por muy simples que sean. Hasta hace poco, la ciencia solo había observado comportamientos de sueño en animales con cerebro centralizado. Se sabía que animales tan pequeños como los nematodos (gusanos microscópicos) o las moscas de la fruta tienen periodos de reposo similares al sueño sciencenews.org. Por ejemplo, la mosca Drosophila muestra “siestas” y si se le priva de ellas, luego rebota durmiendo más, igual que haría un mamífero. Pero un descubrimiento asombroso en 2017 amplió el panorama: ¡hasta las medusas duermen! En particular, la medusa invertida Cassiopea (que no tiene un cerebro como tal, sino una red neuronal difusa) cumple con los tres criterios que definen el sueño: períodos de inactividad reversible, menor respuesta a estímulos durante esos períodos, y una especie de “rebote” tras ser privadas de su descanso sciencenews.org sciencenews.org. Cada noche estas medusas se posan boca arriba en el fondo marino y reducen sus pulsaciones un 30% aproximadamente. Si se las molesta durante su descanso, reaccionan más lento de lo normal, y si pasan una noche “en vela” forzada (los científicos las agitaron periódicamente), al día siguiente pulsan aún menos, como recuperando el sueño perdido sciencenews.org sciencenews.org. Este hallazgo sugiere que el sueño pudo haber surgido muy temprano en la historia evolutiva, tal vez antes incluso de que existieran cerebros complejos. Quizá el sueño responde a alguna necesidad fisiológica básica de las células nerviosas (o del organismo entero) que no depende de tener corteza cerebral o memoria. En el caso de Cassiopea, obviamente no se trata de consolidar recuerdos o aprendizajes complejos, así que podría cumplir funciones más primarias, como ahorrar energía o realizar mantenimiento celular. Como planteó un investigador, encontrar sueño en medusas “plantea la pregunta de si el sueño y las funciones del sistema nervioso están entrelazados, o si el sueño surgió antes del sistema nervioso para satisfacer una necesidad fisiológica aún desconocida” sciencenews.org.

En organismos más complejos, como mamíferos y aves, el abanico de funciones del sueño identificadas es amplio. El sueño profundo (no REM) está ligado a la recuperación física: el cuerpo reduce su gasto energético, desciende la temperatura y se liberan hormonas anabólicas (como la hormona del crecimiento) que reparan tejidos. Mientras tanto, el sueño REM –caracterizado por intensa actividad cerebral y en el que ocurren la mayoría de los sueños– parece jugar un papel en la estabilización de recuerdos y en la regulación emocional. Estudios con resonancia magnética funcional muestran que al privarnos de sueño se “desconectan” circuitos importantes: las regiones prefrontales (encargadas del control cognitivo) dejan de coordinarse bien con otras áreas, a la vez que se sobreactivan zonas emocionales como la amígdala lanacion.com.ar. Esto explica por qué alguien tras una noche en vela se siente desconcentrado, irritable o emocionalmente volátil. Dormir restaura la comunicación normal entre redes cerebrales, manteniendo la mente balanceada lanacion.com.ar. Asimismo, durante el sueño REM el cerebro procesa recuerdos de carga emocional en un ambiente neuroquímico seguro (con niveles bajos de noradrenalina), lo cual ayuda a atenuar emociones negativas asociadas a ciertas memorias. Dicho de forma simple: dormir bien nos ayuda a aprender mejor, recordar más, y mantener bajo control la ansiedad y el estado de ánimo.
Otra función crucial del sueño en mamíferos y aves es mantener la eficiencia cognitiva sin sobrecalentar el “motor”. Los cerebros consumen mucha energía; tener periodos de desconexión quizás evita un consumo excesivo continuo. De hecho, se ha observado que la temperatura del cerebro baja durante el sueño no REM y luego sube de nuevo en REM pmc.ncbi.nlm.nih.gov, lo que sugiere que el sueño profundo permite un enfriamiento y “reinicio” del cerebro, seguido de REM que prepara al cerebro para despertar en alerta pmc.ncbi.nlm.nih.gov. En animales de sangre caliente (homeotermos), parece haber una relación entre el sueño y la termorregulación cerebral.
Cabe destacar que no todos los animales duermen de la misma forma ni la misma cantidad. La diversidad es la norma, probablemente porque cada especie ha adaptado el sueño a sus necesidades ecológicas. Por ejemplo, los carnívoros que pueden darse el lujo de descansar tras una comida sustanciosa suelen dormir más horas, mientras que los grandes herbívoros, que deben pastar constantemente para obtener suficiente energía, duermen mucho menos pmc.ncbi.nlm.nih.gov pmc.ncbi.nlm.nih.gov. Un estudio que comparó muchas especies encontró que los elefantes africanos salvajes duermen en promedio solo 2 horas al día, convirtiéndolos en los mamíferos de sueño más corto registrados theatlantic.com theatlantic.com. Esto tiene sentido porque pasan la mayor parte del tiempo alimentándose de vegetación de bajo valor nutritivo, y además deben estar atentos a depredadores y a las necesidades de la manada. En el extremo opuesto, algunos pequeños mamíferos como el murciélago marrón (Eptesicus) duermen casi 19-20 horas diarias theatlantic.com, ahorrando energía mientras cuelgan boca abajo en sus cuevas durante el día. Lo llamativo es que en ambos casos (dormilones extremos y “insomnes” extremos), esas estrategias les funcionan: cada especie ha encontrado un equilibrio entre estar despierto para sobrevivir y dormir para recuperarse.
Descubrimientos recientes sobre el sueño
La ciencia del sueño está avanzando rápidamente, apoyada en nuevas tecnologías para estudiar el cerebro y en curiosidad por entender este estado tan peculiar. En la última década se han producido hallazgos fascinantes tanto en humanos como en otras especies:
- El cerebro repite vivencias durante la noche: En 2023, una revisión de estudios confirmó que las memorias formadas durante el día se reactivan mientras dormimos lanacion.com.ar. Usando algoritmos de aprendizaje automático, científicos lograron “leer” la actividad cerebral dormida y reconocieron patrones correspondientes a experiencias recientes. En un experimento, se reforzaron recuerdos específicos reproduciendo sonidos asociados mientras la persona dormía, lo que mejoró el recuerdo de esos detalles al despertar lanacion.com.ar. Estos resultados aportan evidencia sólida de la función del sueño en la consolidación de la memoria y la resolución de problemas. No es casualidad que muchas veces despertemos con la solución a un problema que nos trababa: el cerebro, durante el sueño, estuvo ensayando diferentes enfoques en segundo plano.
- Sueño y limpieza del cerebro: Diversos estudios recientes han reforzado la noción de que el sueño profundo actúa como una “lavadora” cerebral. En 2013 se descubrió el mencionado sistema glinfático en ratones, y desde entonces se ha investigado su relevancia en humanos. Experimentos con voluntarios privándolos de sueño y haciendo escáneres cerebrales mostraron que una sola noche sin dormir eleva la acumulación de proteínas dañinas como beta-amiloide en el cerebro lanacion.com.ar. Además, en estudios longitudinales se observó que personas con problemas crónicos de sueño desarrollan más depósitos de beta-amiloide años después lanacion.com.ar. Por el contrario, una buena higiene de sueño se asocia con menor inflamación cerebral, mejor función inmunológica y menor incidencia de enfermedades neurodegenerativas. Estos hallazgos subrayan que dormir no es tiempo perdido: es tiempo que el cerebro utiliza para hacer mantenimiento preventivo y protegerse de daños a largo plazo.
- El primer animal “sin cerebro” que duerme: Ya comentamos el descubrimiento de la medusa Cassiopea durmiente en 2017, un hito que empujó el origen evolutivo del sueño cientos de millones de años atrás. Este resultado, publicado por investigadores del Caltech, demuestra que no se necesita un cerebro central para dormir sciencenews.org, lo que sugiere que el sueño es un comportamiento profundamente arraigado en la fisiología animal. Ahora los científicos buscan otros organismos aún más simples para ver si tienen estados de reposo similares, lo que podría revelar qué componentes mínimos se requieren para que exista el sueño.
- Pulpos que podrían soñar: Un descubrimiento más reciente (2021) dejó atónitos a los biólogos marinos: los pulpos exhiben dos fases de sueño diferenciadas, análogas al sueño de ondas lentas y al sueño REM de los vertebrados theguardian.com. En la fase activa, el pulpo cierra sus ojos, se queda quieto, pero empieza a mover partes de su cuerpo y a cambiar dramáticamente de color y textura de la piel por unos segundos theguardian.com theguardian.com. Estas explosiones de color durante el sueño recuerdan a los movimientos oculares rápidos y la actividad cerebral intensa del REM. Los patrones de color en la piel del pulpo dormido parecían corresponder a comportamientos que tendría despierto –como camuflarse o reaccionar a amenazas–, lo que lleva a pensar que quizás los pulpos están “reproduciendo” experiencias en sueños theguardian.com theguardian.com. Si se les priva de esta fase activa (manteniéndolos despiertos dos días con suaves estímulos), luego entran mucho más rápido y más seguido en el sueño activo, mostrando un claro rebote homeostático theguardian.com. Todo esto indica que el pulpo realmente duerme y necesita esa fase activa. Que una criatura tan distante de nosotros en el árbol evolutivo tenga algo parecido a REM es un ejemplo impresionante de evolución convergente: sugiere que tener fases de sueño diferenciadas podría ser ventajoso para el cerebro, sea de un mamífero o de un cefalópodo. Aún no podemos afirmar que los pulpos “sueñan” en el sentido humano (los propios investigadores lo toman con cautela theguardian.com), pero es tentador imaginar que sus cerebros altamente desarrollados aprovechan el sueño para procesar información de manera similar a como lo hacemos nosotros.
- Dormir en pleno vuelo: En 2016, científicos colocaron electrodos a aves marinas (fragatas) y obtuvieron la primera evidencia registrada de sueño en vuelo. Descubrieron que estas aves pueden dormir con un hemisferio cerebral a la vez o con ambos, incluso mientras planean a cientos de metros de altura mpg.de mpg.de. Sorprendentemente, a pesar de que pueden tener sueño unihemisférico o REM breve en el aire, las fragatas durmieron menos de 1 hora al día durante sus travesías de varios días sobre el océano mpg.de mpg.de. En tierra, estas mismas aves duermen más de 12 horas diarias. ¿Cómo pueden funcionar con tan poco sueño en vuelo? Sigue siendo un misterio mpg.de mpg.de, pero se presume que reducen al mínimo las funciones cerebrales durante esos micro-sueños en el aire, lo justo para no colapsar por privación de sueño hasta volver a tierra firme.
Estos descubrimientos recientes nos muestran al sueño desde ángulos insospechados: como una necesidad fisiológica básica que antecede a los cerebros, como un estado en el que incluso animales “insomnes” hacen trampa (durmiendo por partes o microsiestas), y como un proceso activo en el que el cerebro no descansa pasivamente sino que sigue trabajando en segundo plano para nuestro beneficio.
Curiosidades: así duermen distintas especies
Las estrategias que han desarrollado los animales para dormir son sumamente diversas y a veces sorprendentes. Aquí algunos ejemplos llamativos:
- Delfines medio despiertos: Los cetáceos como delfines y ballenas no pueden simplemente “desconectarse” por completo al dormir, ya que necesitan salir a la superficie a respirar periódicamente. La solución evolutiva es dormir unihemisféricamente: la mitad del cerebro duerme mientras la otra mitad permanece despierta lo suficiente para seguir nadando y controlando la respiración mpg.de. De este modo, los delfines literalmente duermen con un ojo abierto (el opuesto al hemisferio despierto) y alternan lados cada cierto tiempo. Gracias a esto pueden seguir activos 24/7, con cada hemisferio obteniendo su cuota de sueño en turnos.
- Siestas voladoras: Algunas aves pueden dormir en pleno vuelo. El caso documentado es el del rabihorcado magnífico (un ave marina tropical). Durante sus largos viajes sobre el océano, aprovechan las corrientes de aire para planear y dormitar unos segundos a la vez. En total suman apenas 42 minutos de sueño por día durante el vuelo, comparado con más de 12 horas en tierra mpg.de mpg.de. A veces duermen con un solo hemisferio cerebral para mantener el equilibrio y la vigilancia, y en otras ocasiones logran breves episodios de sueño REM de apenas segundos mientras siguen planeando mpg.de. Son verdaderos campeones de la siesta express aérea.
- Con un ojo abierto: No solo los delfines; muchos animales han desarrollado la habilidad de dormir parcialmente alerta. Por ejemplo, los patos que duermen en grupo suelen turnarse: el que queda en el extremo mantiene un ojo abierto y medio cerebro despierto vigilando, mientras el resto del cerebro duerme profundamente mpg.de. Este sueño unihemisférico también se ha observado en focas y otros mamíferos marinos cuando duermen en la orilla: una parte de su cerebro descansa mientras la otra se asegura de que puedan reaccionar ante amenazas.
- Insomnio de las crías de orca: En la naturaleza hay registros de situaciones extremas, como el de las ballenas asesinas (orcas) recién nacidas. Se ha observado que las crías de orca y sus madres prácticamente no duermen durante las primeras semanas de vida de la cría scientificamerican.com. En ese periodo crítico, la madre debe ayudar al bebé a salir a la superficie a respirar constantemente y protegerlo; tanto ella como la cría permanecen activos casi las 24 horas. Pasado ese tiempo, poco a poco comienzan a intercalar episodios de sueño (unihemisférico en el caso de la madre, posiblemente flotando en superficie). Este comportamiento único muestra cómo la naturaleza puede “suspender” la necesidad de dormir temporalmente en situaciones de alta demanda biológica, aunque eventualmente hay que pagar la deuda de sueño.
- Los grandes dormilones: Entre los animales más dormilones están especies de vida muy relajada o con dietas pobres en nutrientes. Los koalas, por ejemplo, duermen entre 18 y 22 horas al día, básicamente todo el tiempo que no están comiendo hojas de eucalipto. Esas hojas les brindan tan poca energía que la mejor estrategia es moverse lo mínimo posible y dormir para ahorrar energía. Otro es el mencionado murciélago café, que puede dormir cerca de 20 horas diarias scientificamerican.com, escondido en cuevas oscuras donde está seguro. Perezosos y armadillos también figuran entre los que más duermen en promedio (alrededor de 14-16 horas). En muchos de estos casos, dormir mucho es un lujo posible gracias a que están protegidos o necesitan conservar energía.
- Dormir de pie: Varios grandes herbívoros, como caballos, vacas, jirafas o elefantes, pueden dormir de pie. Tienen un mecanismo de bloqueo en las extremidades que les permite relajar los músculos sin caerse. Esto les facilita tomar siestas cortas y ligeras mientras están de pie, lo suficiente para descansar un poco pero listos para huir si un depredador aparece. Las jirafas en la sabana duermen muy poco (quizá 2-4 horas en total al día, fragmentadas) y generalmente lo hacen de pie por seguridad. Solo ocasionalmente se acuestan en el suelo para un sueño más profundo, y aun así por periodos breves. Este hábito evidencia la tensión evolutiva entre dormir y no ser comido: cuanto más vulnerable es un animal durante el sueño, más breve y ligero será su descanso.
- Peces y otros animales acuáticos: Aunque los peces no tienen párpados para cerrarlos, muchas especies experimentan estados de reposo parecidos al sueño. Por ejemplo, los tiburones deben seguir moviéndose para respirar, pero algunas especies alternan periodos de actividad mínima en los que reducen su respuesta a estímulos, lo que podría considerarse “sueño” en peces. Otros, como ciertas carpas y tilapias, sí se quedan casi inmóviles por la noche en zonas seguras. Un caso curioso es el pez loro, que por la noche se envuelve en una especie de saco de mucus que él mismo secreta, probablemente para camuflar su olor de posibles depredadores, y así duerme “en su burbuja” protegido.
Como vemos, la naturaleza ofrece un repertorio enorme de soluciones para balancear la necesidad de dormir con las presiones del medio ambiente. Cada especie ha hecho un trato distinto con Morfeo, desde los que duermen con medio cerebro hasta los que duermen volando o prácticamente nada durante semanas. Pero ninguna, hasta donde sabemos, ha logrado eliminar por completo la necesidad de dormir; incluso en las condiciones más exigentes, el sueño (o algo equivalente) termina haciéndose presente de una forma u otra.
El rabihorcado (fragata) puede permanecer en el aire más de una semana y se ha comprobado que duerme menos de una hora al día mientras vuela
mpg.de. Para lograrlo, suele descansar un hemisferio cerebral a la vez, manteniendo el otro despierto para controlar el vuelo.
Lo que la ciencia aún no ha logrado explicar
A pesar de nuestros avances, el sueño sigue guardando muchos secretos. Algunas de las preguntas abiertas más intrigantes son:
- ¿Cuál es la función primordial del sueño? Si bien hemos identificado muchas funciones (memoria, restauración, ahorro de energía, limpieza, etc.), aún se debate cuál de ellas fue la presión evolutiva principal para que surgiera el sueño. ¿Evolucionó primero como una adaptación comportamental (inactividad segura) y luego adquirió funciones fisiológicas, o viceversa? ¿O es un paquete indivisible de beneficios? El hecho de que todas las teorías tengan excepciones sugiere que puede no haber una única respuesta; quizá el sueño es un fenómeno multifuncional desde sus orígenes.
- El enigma de los sueños (soñar): Sabemos más del sueño que de los sueños que ocurren durante él. ¿Por qué soñamos? Las teorías van desde que son un mero subproducto sin función hasta que cumplen roles importantes, como la simulación de amenazas (ensayar situaciones peligrosas para estar mejor preparados, propuesta de Antti Revonsuo), la consolidación emocional o la creatividad. Se han visto casos de animales con fases tipo REM (como los pulpos o los mamíferos) que podrían implicar alguna forma de experiencia onírica, pero obviamente no podemos saber qué “sueña” un pulpo o un perro. En humanos, los sueños siguen siendo en gran medida terreno especulativo, y aunque entendemos qué áreas del cerebro se activan durante REM, falta esclarecer cómo exactamente los sueños encajan en la arquitectura mental y si tienen un propósito evolutivo definido o emergente.
- ¿Cómo “decide” el cerebro dormir? A nivel neurobiológico, aún se investiga el “interruptor” del sueño: sabemos que hay ciertas regiones (como el hipotálamo ventrolateral preóptico, VLPO) y neurotransmisores involucrados en inducir el sueño y en despertarnos. Pero el detalle de cómo interactúan los relojes circadianos (nuestro ciclo biológico de ~24h) con la presión homeostática de sueño (esa sensación de somnolencia que aumenta cuanto más tiempo llevamos despiertos) es complejo. En 2017, el Premio Nobel en Fisiología fue otorgado por descubrir los mecanismos genéticos del reloj circadiano en moscas, aclarando cómo nuestras células “saben” qué hora es baptisthealth.net. Sin embargo, cómo esa maquinaria circadiana sincroniza todos los sistemas del cuerpo para coordinar el inicio del sueño, y por qué el sueño ocurre en ciclos con fases distintas (REM y no REM alternándose), todavía no está completamente dilucidado.
- Variaciones extremas en necesidades de sueño: Animales como el elefante o el petrel gigante (un ave marina) desafían explicaciones sencillas: ¿cómo pueden sobrevivir con tan poco sueño sin deterioro aparente? Por otro lado, ¿por qué otros duermen tantísimo? Por ejemplo, los murciélagos tienen altas tasas metabólicas y generan muchos radicales libres, lo que podría explicar que necesiten más sueño para realizar tareas antioxidantes. Pero entonces, ¿cómo lo manejan los elefantes, con su metabolismo lento pero constante actividad? Un estudio señaló que los elefantes salvajes a veces no duermen nada en una noche entera si están en movimiento por peligro o migración
e360.yale.edu, acumulando hasta 46 horas sin dormir, algo que en humanos causaría estragos. Quizá estos animales logran microdormir de pie sin ser detectado, o tienen adaptaciones fisiológicas únicas para tolerar la falta de sueño. Son interrogantes pendientes. - Origen evolutivo profundo: Si hasta las medusas duermen, ¿qué hay de organismos aún más simples? Por ejemplo, los gusanos planos o las anémonas, ¿tienen estados comparables al sueño? ¿Y qué pasaba con los primeros animales pluricelulares que ni siquiera tenían sistema nervioso? Puede que el antepasado común de todos los animales con neuronas ya tuviera algún ciclo de actividad-reposo. Entender cuándo apareció el primer “sueño” en la evolución sería esclarecedor para saber para qué apareció. Actualmente, algunos científicos estudian organismos como la Hydra (un pequeño pólipo de agua dulce con red neuronal difusa) buscando signos de sueño. Los resultados preliminares apuntan a que también entra en un estado de baja actividad cíclico, sensible a las mismas drogas que inducen o inhiben el sueño en otros animales (como melatonina o cafeína). Esto podría indicar que los circuitos básicos del sueño son increíblemente antiguos y conservados.
- El dilema de la duración óptima: En humanos, sigue en debate cuántas horas de sueño son “naturales” para nuestra especie. Se suele decir 7-8 horas para adultos, pero estudios en comunidades de cazadores-recolectores (sin luz eléctrica ni vida moderna) revelaron que duermen en promedio unas 6.5 horas pmc.ncbi.nlm.nih.gov pmc.ncbi.nlm.nih.gov, aunque con mejor calidad y casi sin insomnio pmc.ncbi.nlm.nih.gov. También se sabe que tanto dormir muy poco como dormir en exceso se correlaciona con problemas de salud pmc.ncbi.nlm.nih.gov. ¿Por qué 7 horas parecen ser ideales para longevidad? ¿Es una constante biológica o depende de contextos? Este es un misterio práctico, pues tocaría aspectos de salud pública y estilo de vida. La respuesta podría requerir comprender mejor cómo el sueño interactúa con otras actividades beneficiosas (ejercicio, sociabilidad, etc.), ya que dormir más no siempre es mejor, puesto que dormir compite con tiempo despierto que también es necesario para vivir plenamente pmc.ncbi.nlm.nih.gov pmc.ncbi.nlm.nih.gov.
En conclusión, el estudio del sueño desde la perspectiva evolutiva nos enseña que dormir no es un lujo ni una casualidad, sino un proceso profundamente inscrito en la maquinaria de la vida. El sueño ha sido moldeado por millones de años para equilibrar eficiencia y seguridad, aprendizaje y supervivencia. Aún nos queda mucho por descubrir –cada nueva especie estudiada o nueva técnica de neuroimagen abre más preguntas–, pero paso a paso vamos entendiendo que al dormir, no estamos huyendo de la vida, sino cumpliendo con uno de sus requisitos fundamentales. La próxima vez que te entregues a los brazos de Morfeo, puedes hacerlo con admiración: estás participando en un ritual biológico ancestral que ha fascinado a la naturaleza desde tiempos inmemoriales, un enigma evolutivo que lentamente comenzamos a desvelar.
Fuentes: La información proviene de estudios científicos y revisiones recientes sobre neurociencia del sueño, incluyendo hallazgos en medusas sin cerebro sciencenews.org sciencenews.org, observaciones de animales en estado silvestre (como el sueño en elefantes theatlantic.com theatlantic.com y aves en vuelo mpg.de), y avances en la comprensión del papel del sueño en la memoria lanacion.com.ar, la salud cerebral lanacion.com.ar y la evolución comparada del sueño en distintas especies pmc.ncbi.nlm.nih.gov. Estas investigaciones –desde laboratorios del sueño humanos hasta expediciones registrando el descanso de criaturas exóticas– convergen en resaltar la importancia vital y la complejidad de un acto tan cotidiano como cerrar los ojos cada noche.
