¿Dios sabe lo que harás? Omnisciencia divina y libre albedrío en la filosofía y la religión

23 Jun 2025

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Omnisciencia divina y libertad humana: ¿son compatibles?

La pregunta sobre si la omnisciencia de Dios puede coexistir con el libre albedrío humano ha intrigado a filósofos y teólogos durante siglos. En términos simples: si Dios existiera y fuera omnisapiente (omnisciente), eso no quitaría que tú fueras libre de decidir tus acciones, incluso sabiendo lo que vas a hacer. Esta premisa sugiere una compatibilidad entre la presciencia divina y nuestras decisiones libres, pero intuitivamente surge una tensión: ¿cómo podemos ser realmente libres si Dios ya sabe de antemano todo lo que haremos? En este artículo exploraremos esta aparente paradoja desde distintos enfoques: la teología cristiana (con voces clásicas como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Luis de Molina, y posturas como el molinismo y el calvinismo), las perspectivas de otras religiones monoteístas (el judaísmo de Maimónides y el islam con pensadores como Al-Ghazali o Averroes) y visiones de la filosofía contemporánea (compatibilismo, libertarismo filosófico, determinismo y posturas ateas/agnósticas). En el camino, aclararemos conceptos clave como libre albedrío, determinismo, presciencia (conocimiento anticipado) y responsabilidad moral.

¿Por qué importa esta cuestión? Porque de ella se desprenden dudas profundas: si todo está ya conocido (o determinado), ¿tienen sentido nuestras elecciones, la ética, el mérito o la culpa? Veremos que las tradiciones religiosas y filosóficas han propuesto diversas respuestas, desde afirmar que la omnisciencia divina no afecta en nada a nuestra libertad worldhistory.org, hasta sugerir que quizá nuestra noción de tiempo y conocimiento es limitada y Dios opera en un plano distinto es.wikipedia.org. Acompáñanos en este recorrido reflexivo pero fundamentado en el saber acumulado sobre este gran dilema.

Perspectivas desde la teología cristiana

La tradición cristiana, a lo largo de dos milenios, ha elaborado respuestas sutiles para armonizar la soberanía y omnisciencia de Dios con la libertad y responsabilidad humanas. Distintos teólogos han aportado matices importantes:

San Agustín de Hipona: libre albedrío y gracia divina

San Agustín (354-430) vivió en carne propia el debate sobre la libertad humana. En su juventud combatió la herejía maniquea (que negaba el libre albedrío culpando al destino o a dos principios opuestos de Bien y Mal) y más tarde, ya como obispo, refutó también al pelagianismo (que negaba la necesidad de la gracia divina). Agustín defendió con fuerza la realidad del libre albedrío porque sin él no habría justicia ni sentido del pecado: el ser humano debe poder elegir el bien o el mal para que tenga mérito o culpa worldhistory.org worldhistory.org. Ahora bien, ¿qué pasa con la omnisciencia de Dios? Agustín sostuvo que el hecho de que Dios sea omnisciente (sepa todo lo que ocurrirá) no significa que esté anulando nuestra libertad. En palabras de un comentarista, “si bien Agustín creía que Dios puede ser omnisciente, esto no tiene nada que ver con el libre albedrío” worldhistory.org. Dios conoce nuestros actos futuros, pero ese conocimiento no causa que actuemos de tal o cual manera.

Una forma de entender a Agustín es pensar que Dios, al ser eterno, ve el tiempo de forma distinta a nosotros. Para Dios, no hay un “antes” y “después” como para los humanos, sino que todo está presente a Sus ojos. Así, Dios sabe lo que vamos a elegir, pero permite el mal moral y el bien como elecciones de la criatura, en aras de la justicia y la responsabilidad personal worldhistory.org. Agustín incluso razonó que Dios permitió el pecado original (Adán y Eva desobedeciendo en el Edén) porque impedirlo habría supuesto privar al ser humano de su libertad para elegir worldhistory.org worldhistory.org. La gracia divina, en la teología agustiniana, no fuerza la voluntad, sino que la sana y orienta para obrar el bien, sin destruir la libertad. En síntesis, Agustín es considerado un compatibilista en cuanto a voluntad humana y presciencia divina academia.edu: sostenía que ambas realidades son coherentes entre sí, aunque nuestras mentes finitas encuentren misterioso cómo sucede.

Santo Tomás de Aquino: Dios fuera del tiempo y conocimiento de futuros contingentes

Tomás de Aquino (1225-1274), gran filósofo escolástico, profundizó en la armonía entre la omnipotencia/omnisciencia de Dios y el libre albedrío. Siguiendo a Agustín y especialmente influenciado por el filósofo Boecio, Aquino enseñó que Dios trasciende el tiempo: para Él no existe pasado ni futuro, sino un eterno presente. Por ello, decía Tomás, afirmar que Dios “sabe de antemano” lo que harás mañana es un modo humano de hablar; en realidad Dios ve tu mañana y tu ayer como un solo panorama simultáneo
es.wikipedia.org. Esta atemporalidad divina implica que la presciencia (saber lo futuro) de Dios no impone necesidad a las cosas: Dios conoce los eventos contingentes (no necesarios, dependientes de la libre decisión) tal como contingentes, es decir, sabe qué vas a elegir libremente, pero podrías haber elegido otra cosa si quisieras. Un símil clásico es que el conocimiento no es la causa del hecho conocido. Por ejemplo, si un maestro conoce bien a su alumno puede predecir con certeza que escogerá cierta opción, pero esa predicción no fuerza al alumno; de modo análogo, Dios conoce infaliblemente nuestras decisiones sin coaccionarlas. Así, se mantendría la idea de que “Dios puede ser todopoderoso y omnisapiente, aunque la gente continúe ejercitando el libre albedrío, ya que Dios no existe en el tiempo” es.wikipedia.org.

Aquinas conciliaba esta visión con una comprensión de la libertad algo matizada: para él, la voluntad humana siempre busca un bien (estamos “programados” para perseguir fines buenos en general), pero somos libres de elegir entre distintos bienes o medios para alcanzarlos es.wikipedia.org. En términos modernos, algunos interpretan la postura de Aquino como una forma de compatibilismo, porque acepta cierta “predeterminación” (orientación natural al bien) pero con elecciones genuinas en nuestra deliberación moral
es.wikipedia.org. Aun así, Aquino afirmaba claramente que el ser humano tiene libre albedrío y que Dios mueve la voluntad sin anularla, cooperando con nuestras elecciones buenas mediante la gracia, pero dejando posibilidad real de rechazarla es.wikipedia.org. En suma, para la tradición católica que Tomás representa, no hay contradicción última entre omnisciencia divina y libertad humana: Dios sabe desde la eternidad cómo obrará cada quien, pero somos nosotros quienes, con nuestra voluntad, efectuamos esas decisiones en el tiempo.

Luis de Molina y el molinismo: la ciencia media

Ya en el siglo XVI, durante la Contrarreforma, el teólogo español Luis de Molina (1535-1600) aportó una solución ingeniosa a este dilema mediante el concepto de ciencia media (o conocimiento medio). El molinismo busca reconciliar la presciencia de Dios con el libre albedrío libertario (entendido como capacidad real de hacer otra cosa distinta en igualdad de circunstancias). ¿En qué consiste? Molina propuso que, además de saber todo lo que podría pasar (conocimiento de posibilidades, o ciencia natural) y todo lo que efectivamente pasará (conocimiento libre, basado en Su decreto), Dios tiene un tipo de conocimiento intermedio: conoce qué haría libremente cualquier criatura en cada situación hipotética. Es decir, Dios sabe no solo todos los caminos posibles, sino también cuál elegiría libremente cada persona aishlatino.com.

Con esta idea, Dios puede planificar la historia sin violar la libertad: al crear el mundo, Dios elige realizar aquella combinación de circunstancias en la cual prevé (mediante la ciencia media) cómo obrará cada quien, y así Sus propósitos se cumplen a través de nuestras libres decisiones. Un ejemplo sencillo: Dios sabe que, si Juan creciera en cierto entorno, elegiría voluntariamente convertirse en médico altruista, pero en otro contexto quizás no. Dios puede entonces situar a Juan en el entorno que conduce a ese resultado deseado, sin que Juan deje de actuar libremente. La omnisciencia divina, en el molinismo, abarca los contrafácticos de la libertad (lo que habríamos hecho bajo otras condiciones) sin necesitar determinar directamente nuestras elecciones. Como señalan explicaciones contemporáneas, “Dios no sólo conoce todo camino posible, sino que también sabe cuál [finalmente] elegiremos” aishlatino.com.

El molinismo tuvo impacto en la teología católica postridentina, aunque fue controvertido en su época (debate de Auxiliis con los dominicos). Hoy, corrientes molinistas modernas (por ejemplo, algunos filósofos analíticos cristianos) retoman esta noción para afirmar que la omnisciencia exhaustiva de Dios es compatible con la contingencia de la historia y la auténtica libertad humana. La ciencia media preserva la responsabilidad moral: puesto que Dios sabe lo que elegirás pero la elección sigue siendo tuya (Él no la causa necesariamente), tiene sentido hablar de premiar o castigar tus actos. Este enfoque, no obstante, es rechazado por otros teólogos que lo ven como una limitación indirecta a la soberanía divina o un misterio difícil de justificar racionalmente.

Predestinación y calvinismo: soberanía divina y voluntad caída

En contraste con el énfasis molinista en la libertad, la teología de la Reforma protestante, especialmente el calvinismo, puso el acento en la omnipotencia y soberanía de Dios incluso sobre las decisiones humanas. Juan Calvino (1509-1564) y sus seguidores sostenían la doctrina de la predestinación: Dios, desde la eternidad, ha elegido quiénes se salvarán (y, en algunas interpretaciones rígidas, quiénes se perderán) y gobierna todos los acontecimientos conforme a Su plan es.wikipedia.org es.wikipedia.org. A primera vista, esto suena a determinismo estricto. Sin embargo, Calvino sí hablaba de “libre albedrío” en un sentido: definía que el hombre actúa voluntariamente, sin coacción externa es.wikipedia.org. En otras palabras, nuestras acciones brotan de nuestra propia voluntad (no sentimos una fuerza obligándonos), pero –importante matiz– debido al pecado original esa voluntad está esclavizada por deseos impíos. Calvino distinguía entre una libertad natural (podemos elegir según nuestros deseos) y una libertad espiritual o adquirida, que sería la capacidad de elegir el bien de acuerdo con Dios es.wikipedia.org es.wikipedia.org. Esta última libertad solo se obtiene por la gracia transformadora: “si el hombre ha de vivir como debe, su voluntad debe ser totalmente renovada” decía, citando la necesidad de un nuevo corazón es.wikipedia.org.

Para el calvinismo clásico, entonces, el ser humano elige “libremente” lo que desea, pero inevitablemente desea el mal a menos que Dios cambie su corazón es.wikipedia.org. Así, un no regenerado pecará “voluntariamente” (porque lo quiere, aunque no pueda querer lo contrario), mientras que un regenerado por Dios voluntariamente hará el bien. Estamos ante un tipo de compatibilismo teológico determinista: todas las decisiones humanas están dentro del decreto de Dios, pero eso no cancela la responsabilidad, puesto que cada uno actúa según su voluntad (aunque esa voluntad tenga una inclinación predeterminada) es.wikipedia.org. Un teólogo calvinista, Jonathan Edwards, argumentó lógicamente contra el libre albedrío libertario diciendo que si nuestros actos no tienen causas suficientes o dependen de un azar indeterminista, entonces serían accidentes moralmente irrelevantes; para él, solo tiene sentido la responsabilidad si nuestras elecciones tienen causas (en este caso, la naturaleza caída o la gracia) es.wikipedia.org es.wikipedia.org.

El debate entre calvinistas y arminianos (seguidores de Jacobus Arminius, quien defendía que la gracia preveniente da a todos cierta capacidad de aceptar o resistir a Dios) produjo matices adicionales, pero en general el calvinismo subraya que nada escapa al conocimiento y voluntad de Dios. Algunos teólogos calvinistas incluso sostienen que presciencia (solo saber) y preordenación (determinar) divinas, a fin de cuentas, plantean las mismas dificultades: “lo que Dios conoce de antemano debe ser tan fijo y cierto como lo que está predeterminado; si uno es incompatible con el libre albedrío, el otro también” es.wikipedia.org. Frente a esta objeción, los cristianos no calvinistas replican con las soluciones antes vistas (Dios fuera del tiempo, ciencia media, etc.), enfatizando que “saber” no equivale a “causar”. Incluso se ha propuesto, de forma más especulativa, que Dios pueda limitar voluntariamente Su omnisciencia en aras de nuestra libertad, del mismo modo que en la encarnación Cristo renunció a usar plenamente sus atributos divinos es.wikipedia.org. En cualquier caso, el calvinismo tradicional mantiene que Dios sabe y determina todo, y que el ser humano obra voluntariamente dentro de ese plan. Esta tensión se convierte en un misterio teológico aceptado en fe por muchos, confiando en que la justicia y misericordia de Dios se cumplen de formas que tal vez exceden nuestra comprensión.

En resumen, la teología cristiana ofrece un espectro de interpretaciones: desde el Agustín compatibilista y el Aquino intemporal, pasando por el Molina que ingeniosamente reconcilia presciencia y libertad mediante la ciencia media, hasta el Calvino que enfatiza la soberanía determinante de Dios pero conservando la idea de elección voluntaria. Todas estas perspectivas comparten, sin embargo, una convicción: el ser humano es responsable de sus actos (de otra manera, nociones centrales como pecado, arrepentimiento, mérito o culpa perderían sentido). La coexistencia de la omnisciencia divina y la libertad humana se acepta como coherente, ya sea explicada por la atemporalidad de Dios, por distintos tipos de conocimiento divino, o envuelta en el misterio de la voluntad divina. La tradición cristiana, así, rechaza que debamos sacrificar o la omnisciencia de Dios o nuestra libertad: de algún modo, ambos hechos son verdad en su cosmovisión es.wikipedia.org.

Perspectivas en el judaísmo y el islam

Las otras dos grandes religiones monoteístas, judaísmo e islam, comparten la creencia en un Dios omnisciente, y por tanto también han debido afrontar la paradoja entre ese conocimiento absoluto de Dios y la libertad moral del ser humano. Si bien los contextos y vocabularios difieren, encontramos en ellas reflexiones muy ricas y soluciones particulares dignas de mención.

En el pensamiento judío: “Todo está previsto, pero hay libre albedrío”

En el judaísmo, el libre albedrío es un principio fundamental y prácticamente axiomático. Ya la Torá lo insinúa cuando Dios declara: “He puesto ante ti la vida y la muerte... elige pues la vida” (Deuteronomio 30:19) es.wikipedia.org. Los sabios rabínicos tradicionalmente afirmaron ambas verdades: que “Todo está previsto; sin embargo, el libre albedrío es dado” es.wikipedia.org. Esta famosa cita de Pirkei Avot (Ética de los Padres) encapsula la paradoja. Maimónides (Rabí Moshe ben Maimón, 1135-1204), el gran filósofo judío medieval, fue muy claro al enseñar que cada persona tiene plena libertad para ser justa o malvada: “Si desea inclinarse hacia el buen camino... tiene el poder de hacerlo; y si desea inclinarse hacia el camino injusto... también tiene el poder”. Rechaza explícitamente la idea de que Dios decreta de antemano la virtud o maldad de alguien es.wikipedia.org. Para Maimónides, negar la libertad haría inútiles la Torá y sus mandamientos, pues no tendría caso premiar o castigar actos que en realidad estuvieran predeterminados.

¿Cómo concilian entonces los sabios judíos esta libertad con la omnisciencia divina? La respuesta común es humildad ante el misterio. Afirman que Dios conoce de antemano todo lo que va a suceder –Su conocimiento es perfecto– pero que ese conocimiento no nos obliga a actuar de tal o cual manera es.wikipedia.org es.wikipedia.org. En textos rabínicos se dice: “El Santo, Bendito Sea, sabe todo lo que sucederá... [pero] no tenemos la capacidad de comprender cómo... sabe... [Sin embargo] sabemos sin duda que la gente hace lo que quiere sin que el Santo, Bendito Sea, les obligue” es.wikipedia.org. La idea clave es muy parecida a la de Agustín y Aquino: Dios existe fuera del tiempo, por lo que conoce el futuro igual que el pasado, de una manera que trasciende nuestra lógica temporal es.wikipedia.org. Del mismo modo que Su conocimiento del pasado (lo que ya hicimos) no interfiere con nuestras decisiones en aquel momento, tampoco Su conocimiento del futuro interfiere con que elijamos libremente es.wikipedia.org.

Un sabio medieval, Abraham ibn Daud, distinguía así entre presciencia (saber lo que va a pasar) y predestinación (decretar lo que va a pasar): Dios puede conocer sin predeterminar es.wikipedia.org. Incluso ofrecen analogías intuitivas: por ejemplo, la imagen de un viajero en el tiempo. Si alguien viniera del futuro y hubiera visto lo que vas a hacer mañana, tendría un conocimiento anticipado de tu acción; pero su saber no te causa la acción. Tú podrías haber obrado de otra forma, solo que entonces el viajero habría “visto” un futuro distinto. Saber no es lo mismo que decidir es.wikipedia.org. De igual forma, Dios “observa” todo el timeline completo del universo, pero lo que ve es resultado de nuestras decisiones libres. Esta explicación, aunque deja satisfechos a muchos, tiene su complejidad: uno podría objetar que si realmente somos libres, Dios no puede estar seguro de antemano de lo que haremos (porque podríamos sorprender incluso al viajero del tiempo). Algunos pensadores judíos afrontaron esto con soluciones audaces: por ejemplo, Gersonides (Leví ben Gersón) en el siglo XIV sugirió que Dios conoce todas las opciones posibles abiertas a cada persona, pero no sabe cuál elección concreta tomará la persona hasta que esta la realice es.wikipedia.org. De ese modo, salvaba la libertad absoluta al precio de limitar la omnisciencia divina sobre los detalles futuros. Esta opinión es minoritaria y controvertida, pues choca con la idea tradicional de omnisciencia, pero muestra la creatividad intelectual en juego. Otros, como Saadia Gaon o Juda ha-Levi, también insinuaron que las decisiones humanas preceden al conocimiento divino (hablando lógicamente) es.wikipedia.org. En cambio, un rabino jasídico del siglo XIX, Mordejai Yosef Leiner, llevó la idea opuesta al extremo: negó el libre albedrío humano y afirmó que todo está determinado por Dios es.wikipedia.org. Su postura es aún más marginal en el judaísmo, pues atenta contra la base ética del judaísmo (que asume la elección).

En general, la posición mayoritaria en el judaísmo es aceptar la paradoja como un hecho de fe: Dios lo sabe todo y a la vez el hombre elige su camino. El filósofo Maimónides concluye que “esta contradicción es uno de los más grandes misterios... La respuesta verdadera... es imposible de entender para un ser humano”【11†L131 -L139】. Algunos cabalistas introducen el concepto de Tzimtzum (contracción divina): Dios, para crear un mundo con libertad, “constriñó” voluntariamente Su presencia y su presciencia en cierto modo, permitiendo un espacio para la acción independiente del hombre es.wikipedia.org es.wikipedia.org. Es una metáfora mística para decir que Dios se auto-limita lo suficiente como para que nuestras elecciones sean genuinas. En cualquier caso, el judaísmo práctico vive confiando en que somos libres y responsables: “Todo está previsto (por Dios), mas el permiso (de obrar) nos es dado” resume sabiamente el Talmud. La responsabilidad moral se mantiene incólume: “el hombre es juzgado según todas sus acciones”
es.wikipedia.org, ergo esas acciones le pertenecen como autor.

En el pensamiento islámico: entre la predestinación (qadar) y la elección (ikhtiyar)

El islam coloca igualmente a Dios (Alá) como omnipotente y omnisciente, y de hecho el concepto de predestinación divina (al-qadar) es uno de los pilares de la fe islámica tradicional. No obstante, desde los primeros siglos del islam hubo intensos debates teológicos sobre cómo conciliar la omnisciencia y poder absolutos de Alá con la justicia divina y la responsabilidad humana. En la temprana controversia se enfrentaron los qadaríes o muʿtazilíes (que defendían el libre albedrío humano, qadar significa “poder de decidir”) y los ŷabaríes (fatalistas que decían que el hombre no tiene ningún control, siendo Dios el único agente) es.wikipedia.org es.wikipedia.org. El movimiento muʿtazilí, de corte racionalista, afirmaba que era necesario reconocer la libertad humana para no hacer a Dios autor del mal y para sustentar la idea de justicia (no sería justo castigar a alguien que no pudo más que actuar como actuó). En cambio, los más tradicionales, como algunos de la escuela hanbalí, insistían en la total voluntad de Dios (ŷabr): nada ocurre fuera del decreto divino es.wikipedia.org.

Una síntesis intermedia la ofreció el teólogo Al-Ash'ari (874-936) y llegó a ser la doctrina suní dominante (seguida posteriormente por Al-Ghazali, entre otros). Al-Ash'ari formuló la teoría de la “adquisición” (kasb): es un tipo de compatibilismo islámico donde cada acción humana tiene dos agentes causales, Dios y el hombre es.wikipedia.org. En palabras de esta doctrina de la “doble agencia”, Dios crea la acción o la capacidad de actuar (ningún acto podría existir sin el poder divino, pues Dios en cada instante sustenta la creación), pero el ser humano “adquiere” ese acto por su intención y decisión, haciendo suyo el hecho y por tanto asumiendo responsabilidad por él es.wikipedia.org. Dicho de otro modo, si vas a levantar tu mano para dar una limosna o para agredir a alguien, es Dios quien te da la existencia, la fuerza y hasta la ocurrencia de movimiento en ese momento (nada se escapa de Su decreto), pero eres tú quien elige en qué dirección moral se emplea ese movimiento, por lo que Dios te hará responsable de la acción resultante. Esta explicación es sutil: mantiene la omnipotencia divina (Dios como creador de todo acto en última instancia) pero deja un espacio para la intención humana como factor que “colorea” moralmente el acto. Al-Ghazali (1058-1111), gran pensador y místico, defendió esta postura ash'arita, enfatizando que todo acontece por la voluntad de Alá, y que causas segundas o leyes naturales son meramente hábitos que Dios mantiene; aun así, dijo, debemos actuar como si todo dependiera de nosotros, porque Dios nos ha dado la Sharía (ley) para obedecer y ser probados. Para Al-Ghazali, la imposibilidad de escapar del decreto divino no exime al hombre de cumplir con su deber moral, ya que la responsabilidad está en la intención y en esforzarse en el bien, confiando el resultado a Dios. Esta visión, algo fatalista pero devota, se refleja en la común frase “Inshallah” (“si Dios quiere”) y en la práctica de encomendarse a Dios para todo, sin caer en la desesperación ni la arrogancia.

¿Y qué hay de Al-Averroes (Ibn Rushd), el famoso filósofo andalusí (1126-1198)? Averroes, como seguidor de Aristóteles, tendió a explicar el mundo con cau-salidad racional. Una disputa clásica en la filosofía islámica (iniciada por Avicena y discutida por Averroes) fue si Dios conoce los particulares individuales o solo las leyes generales (los “universales”). Aristóteles había dado a entender que un intelecto perfecto conocería lo universal, pero quizás no cada detalle cambiante. Averroes, siendo también un musulmán comprometido, sostuvo que Dios sí conoce los particulares en cuanto están incluidos en el orden universal, pero evitó atribuirle un conocimiento “fragmentario” similar al nuestro. En cualquier caso, Averroes argumentó contra el excesivo predestinacionismo de los teólogos: él buscó mostrar que la religión islámica y la filosofía son compatibles, y que la justicia de Dios exige reconocer cierta libertad humana, al menos a nivel práctico. Averroes criticó a Al-Ghazali (quien en La incoherencia de los filósofos había acusado a los filósofos de negar la omnipotencia divina) señalando que la filosofía aristotélica no niega la intervención divina sino que la entiende de forma más elevada. Aunque Averroes no formuló una doctrina específica sobre libre albedrío vs omnisciencia, es visto como un defensor de la responsabilidad moral: cada individuo, en su filosofía, es responsable de buscar la verdad y hacer el bien según su intelecto.

En la teología islámica posterior, la tensión sigue presente. La mayoría de los musulmanes sunitas aceptan la versión moderada: “Confía en Alá, pero ata a tu camello”, dice un hadiz. Es decir, cree que Dios tiene el control de todo, pero actúa tú como agente responsable. Los chiitas, por otro lado, tradicionalmente se han inclinado un poco más hacia el libre albedrío que los ash'aritas sunitas, diciendo que “no hay coerción (por parte de Dios) ni abandono (del hombre a su propia suerte), sino un camino intermedio”. Esta frase del Imam Yafar al-Sadiq resume su teología: Dios no obliga al mal ni deja al hombre sin guía; hay libertad dentro del marco de la voluntad divina.

En conclusión, el islam mantiene la doctrina de la omnisciencia divina (Dios conoce incluso las intenciones más secretas) y de la predestinación en cierto sentido, pero procura salvaguardar la justicia divina postulando alguna forma de libertad humana. La solución ash'arita de la “adquisición” es un modelo interesante de compatibilismo: nos permite decir que “todo ocurre por la voluntad de Dios” y también “cada alma será recompensada por lo que haya procurado”. La incógnita última de cómo Dios sabe lo que haremos sin anular nuestra capacidad de elegir queda, en última instancia, envuelta en la reverencia por el misterio divino, similar a la actitud judía: Alá es el único que lo abarca todo con Su conocimiento, el ser humano debe conformarse con obedecer y confiar, sabiendo que será juzgado con rectitud. La palabra “Islam” significa sumisión (a la voluntad de Dios), pero esa sumisión es valiosa precisamente porque podría no darse si la persona así lo quisiera; de ahí el mérito del creyente y la culpa del pecador, según la visión islámica tradicional.

Enfoques filosóficos contemporáneos: ¿libertad en un mundo determinado?

Más allá del ámbito religioso, la cuestión de la libertad humana frente a algún tipo de determinación (sea divina o natural) continúa en el centro del debate filosófico contemporáneo. En la filosofía de los siglos XIX, XX y XXI, el problema se reformuló generalmente sin apelar a Dios: se habla de si el determinismo (la idea de que cada evento, incluyendo nuestros pensamientos y acciones, está causado por eventos previos conforme a leyes necesarias) es compatible con el libre albedrío. Aunque el contexto es distinto, muchas ideas hacen eco de las discusiones teológicas previas. Podemos identificar tres grandes posturas: compatibilismo, libertarismo e incompatibilismo determinista, a las que sumaremos la perspectiva de algunos pensadores ateos/agnósticos sobre nuestro tema original.

Compatibilismo: libertad como acting sin coacción

El compatibilismo sostiene que, correctamente entendido, el libre albedrío sí es compatible con un universo determinista. ¿Cómo es eso posible? Los compatibilistas suelen redefinir “libre albedrío” de forma no absoluta: no significa una capacidad mágica de romper la cadena de causa y efecto, sino la capacidad de actuar según tus propios deseos e intenciones, sin que alguien te obligue externamente. Esta noción encaja con la visión, por ejemplo, de Juan Calvino mencionada antes (el hombre actúa voluntariamente aunque su voluntad tenga causas). Filósofos ilustrados como David Hume ya defendían que la libertad es simplemente poder hacer algo si uno quiere hacerlo, y que esa voluntad tenga causas (motivaciones, carácter, etc.) no le quita validez es.wikipedia.org. De hecho –argumentan– si nuestras acciones no tuvieran ninguna causa, serían aleatorias y entonces no serían realmente “nuestras” ni tendría sentido hacernos responsables de ellas es.wikipedia.org. Para que podamos atribuir un acto a una persona, tiene que provenir de su carácter, de sus decisiones deliberadas; en resumen, debe haber cierto determinismo. Como señala una interpretación compatibilista, “la sociedad no puede considerar a alguien responsable a menos que sus acciones sean determinadas por algo... si las acciones fueran acausales o al azar, ¿cómo culpar o premiar?” es.wikipedia.org. Los compatibilistas modernos (como Daniel Dennett o Harry Frankfurt) incluso dan ejemplos donde una elección puede ser libre a pesar de no poder haber sido otra: por ejemplo, si alguien actúa según sus propios valores, aunque no pudiera elegir lo contrario debido a que esos valores están firmemente arraigados, seguimos considerándolo libre y responsable, porque actuó como quiso sin ser forzado es.wikipedia.org es.wikipedia.org.

En el contexto de la omnisciencia divina, un compatibilista diría: “Dios sabe lo que harás porque tu acción tiene causas (tus motivos, tu personalidad) que Dios plenamente comprende; pero mientras actúes desde ti mismo (y no bajo coacción externa), eres libre en el sentido relevante”. Esta posición aplaca la contradicción al modificar qué entendemos por libertad: deja de ser la “posibilidad de haber hecho otra cosa” (a eso los filósofos lo llaman principio de las posibilidades alternativas, que los incompatibilistas defienden) y pasa a ser la ausencia de coerción y la alineación del acto con tu yo interno es.wikipedia.org es.wikipedia.org. Muchos pensadores, religiosos y no religiosos, abrazan alguna versión de compatibilismo, porque permite mantener tanto la ley de causalidad universal (sea Dios, sea la naturaleza) como la idea de que las personas toman decisiones por sí mismas y por tanto se les puede exigir cuentas. En términos de responsabilidad moral, los compatibilistas suelen argumentar que responsabilizar a alguien de algo supone asumir que lo hizo voluntariamente (no obligado) y que su acción expresa su carácter; que esa cadena de carácter-formación y decisiones tenga explicaciones causales no elimina la responsabilidad, más bien la fundamenta es.wikipedia.org. Por ejemplo, si una enfermedad mental determinó completamente el acto de alguien (lo hizo sin entender ni querer realmente), decimos que no es responsable; pero si sus actos fluyen de su carácter y razones (aunque estos a su vez tengan historia causal), sí lo es.

Libertarismo filosófico: un libre albedrío indeterminista

En contraposición, el libertarismo filosófico (no confundir con el político) es la postura de quienes creen que el libre albedrío significa una capacidad real de elegir entre alternativas y por tanto no puede darse en un mundo enteramente determinista. Para los libertarios, si cada uno de tus actos estaba ya condicionado por eventos anteriores (genes, ambiente, experiencias previas, decretos divinos, lo que sea), entonces por mucha “ilusión de libertad” que tengas, no eres verdaderamente libre en el sentido profundo. Insisten en el intuición de que “pude haber actuado de otro modo” en situaciones donde elegí A sobre B, y que esa posibilidad de actuar de forma diferente es esencial para la responsabilidad moral es.wikipedia.org. Uno de los defensores clásicos de esta idea fue Immanuel Kant, quien afirmó: “deber implica poder”, es decir, solo tiene sentido decirle a alguien "debes hacer X" si está en su poder hacerlo o no hacerlo es.wikipedia.org. Los libertarios llevan esto al extremo: si en realidad no podías evitar hacer lo que hiciste (porque la cadena causal del universo así lo trajo), entonces no tiene sentido la alabanza o reproche moral. Algunos libertarios filosóficos simplemente dicen: “malo para el determinismo”, es decir, rechazan el determinismo porque va contra nuestra intuición de libertad y contra la práctica moral cotidiana es.wikipedia.org.

¿Cómo concibe un libertario entonces el proceso de decisión? Aquí hay variantes: algunos invocan la física cuántica o la indeterminación natural para decir que el universo no es totalmente predeterminado, dejando “huecos” de azar donde la mente o la voluntad podrían introducir elección. Otros (como Robert Kane en filosofía contemporánea) hablan de auto-formación: en ciertos momentos de deliberación especialmente tensos, el agente ejerce una suerte de control no determinado que contribuye a formar su carácter, y de ahí en adelante sus acciones fluyen de ese carácter autoformado. En un contexto religioso, una postura libertaria sería la de quienes dicen que Dios voluntariamente no fija nuestras decisiones, renuncia a saberlas con certeza absoluta o a controlarlas, para que seamos verdaderos co-creadores de nuestro destino. De hecho, en teología existe la teoría del Open Theism (Teísmo abierto) que sugiere que el futuro no está totalmente determinado ni siquiera en conocimiento de Dios, porque Dios sabe todo lo que puede saberse, pero las elecciones libres de las criaturas son, hasta que ocurren, indeterminadas. Esto es heterodoxo para muchos, pero es un intento de afirmar un libre albedrío total.

Los libertarios filosóficos reciben críticas: los compatibilistas les preguntan “¿de qué sirve poder hacer otra cosa si de hecho tu elección actual tuvo razones? Si fue al azar que elegiste A en vez de B, ¿eso es realmente libertad o simple caos?”. En efecto, un acto completamente indeterminado podría verse como accidental. Los libertarios responden que la libertad no es azar ni capricho, sino un tipo especial de causalidad del agente: la persona como ente metafísico puede iniciar nuevas cadenas causales. Es un tema complejo y a menudo recurre a conceptos metafísicos (mente no reducida a materia, etc.). En cualquier caso, esta postura mantiene firmemente tanto la existencia del libre albedrío (en el sentido fuerte) como la incompatibilidad con un determinismo total. Por tanto, muchos libertarios filosóficos ven la omnisciencia divina determinista (tipo calvinista) como incompatible con nuestra libertad; si son creyentes, preferirán soluciones estilo molinismo u otras; si son ateos, podrían usar esta incompatibilidad como argumento contra la existencia de un Dios omnisciente.

Determinismo estricto y escepticismo sobre el libre albedrío

Por último, están los deterministas duros o escépticos del libre albedrío, postura que hoy día es popular en ciertos círculos científicos y filosóficos (especialmente entre algunos neurocientíficos y ateos materialistas). Para ellos, las evidencias apuntan a que no somos tan libres como pensamos: nuestras decisiones se derivan de la actividad cerebral, que obedece a causas físico-químicas, influencias genéticas y ambientales, etc. Si pudiéramos conocer el estado completo del cerebro de una persona y todas sus circunstancias, en principio podríamos predecir su próxima decisión con tanta certeza como un eclipse. Autores como Sam Harris han divulgado la idea de que el libre albedrío es una ilusión poderosa pero insostenible a la luz de la ciencia. Desde esta perspectiva, la noción de responsabilidad moral tradicional se tambalea: ¿tiene sentido culpar a alguien si sus acciones fueron producto de una combinación de herencia y entorno que él no escogió? Algunos deterministas duros, como el célebre abogado Clarence Darrow, argumentaron justamente esto para defender a criminales, alegando que no pudieron actuar de otra forma dadas sus circunstancias es.wikipedia.org. La frase “muy mal para la responsabilidad moral” resume la actitud de quienes piensan que debemos replantearnos el sistema moral y legal si no hay libre albedrío
es.wikipedia.org. Quizá enfocarnos más en rehabilitación y prevención que en castigo retributivo, por ejemplo.

Otros deterministas, sin embargo, adoptan una postura pragmática: reconocen que, estrictamente, nadie “elige” desde la nada, pero mantener la ficción (o función) de la responsabilidad es útil para la sociedad. Después de todo, las personas responden a incentivos y sanciones, lo que puede moldear su conducta, así que seguimos hablando de culpabilidad o mérito como simplificaciones útiles. En cuanto a Dios, muchos ateos argumentan: si existiera un Dios omnisciente que ya sabe el futuro infaliblemente, entonces todo estaría predeterminado de facto (coincidiendo curiosamente con la objeción del calvinista Boettner mencionada antes). Por tanto –dicen– es incoherente que las religiones proclamen a la vez que Dios lo sabe todo y que el hombre es libre: algo falla en esa teología, y para ellos lo que falla es la premisa de Dios mismo. Sin embargo, otros ateos compatibilistas no usan ese argumento porque aceptan que conocimiento perfecto no implica intervención causal.

En suma, la filosofía contemporánea no ha resuelto en consenso este dilema. El debate libre albedrío vs determinismo sigue abierto, ahora enmarcado en cosas como la física cuántica, la neurociencia o la inteligencia artificial. Pero esencialmente toca la misma preocupación de siempre: ¿somos autónomos en nuestras decisiones o piezas de un mecanismo más grande? Y si lo segundo es cierto, ¿cómo encajamos nociones de bien, mal, justicia, remordimiento o propósito?

Para conectar esto con nuestro tema central: si uno adopta el determinismo estricto, entonces un Dios omnisciente encajaría perfectamente pero a costa de que nuestras vidas serían un guion ya escrito; la libertad sería ilusoria. Si uno adopta el libertarismo, entonces para salvar la libertad quizá habría que concebir a Dios de otra manera (limitando Su conocimiento o Su intervención). El compatibilismo intenta conservar lo mejor de ambos mundos, tanto en teología como en filosofía secular: Dios sabe y ordena, y nosotros elegimos voluntariamente; o las leyes naturales determinan, y aun así actuamos libremente en sentido relevante. No es trivial equilibrar estas ideas, por eso el debate persiste.

Conclusión: misterio, armonía y reflexión abierta

La compatibilidad entre la omnisciencia divina y la libertad humana es un tema complejo que ha generado respuestas variadas en distintos sistemas de pensamiento. En la teología cristiana, vimos que autores influyentes como Agustín y Tomás de Aquino afirmaron la armonía entre ambas: Dios nos creó libres y su conocimiento perfecto no anula esa libertad worldhistory.org es.wikipedia.org. Soluciones ingeniosas como la ciencia media de Molina ofrecen mecanismos para entender esa armonía, mientras corrientes como el calvinismo aceptan cierta tensión pero confían en la soberanía divina por encima de todo. En el judaísmo, la paradoja se reconoce abiertamente: “Todo está previsto, mas el hombre tiene la libertad”, confiando en que Dios trasciende el tiempo y nuestro entendimiento es.wikipedia.org. En el islam, se enfatiza la sumisión a la voluntad divina a la par que se introduce la idea de “adquisición” para preservar la responsabilidad humana es.wikipedia.org, manteniendo así que Alá guía el destino sin convertirnos en simples marionetas sin voluntad.

Desde la filosofía contemporánea, el panorama también es diverso. Hay quienes redefinen la libertad para hacerla compatible con un orden determinista (incluso un “orden divino” para los creyentes) es.wikipedia.org, y hay quienes claman que solo negando cualquier predeterminación podemos decir que somos realmente libres. Los debates sobre el libre albedrío hoy incluyen consideraciones científicas pero, en el fondo, tocan las mismas preguntas morales y existenciales de siempre: ¿podemos elegir? ¿podemos ser mejores, actuar de otra manera, ser responsables de nuestro propio destino?

Al reflexionar sobre todo lo expuesto, quizá concluimos que no existe una respuesta única que satisfaga a todos. Para muchos creyentes, la respuesta es confiar en que la mente de Dios es mucho más grande que la nuestra: así como un autor de novela conoce el final de la historia que escribe pero sus personajes “viven” sus peripecias libremente dentro del relato, Dios puede abarcar nuestro pasado, presente y futuro sin robarnos la autenticidad de vivir y decidir es.wikipedia.org. Para otros, sobre todo no creyentes, el desafío es más bien entender si nuestro sentimiento de autodeterminación encaja o no en un universo regido por leyes naturales absolutas.

Lo que parece claro es que seguimos actuando como si fuéramos libres, porque nuestra experiencia inmediata así nos lo dice y porque nuestras sociedades y éticas se construyen sobre esa base de responsabilidad. Como dijo Kant, sentimos que debemos hacer ciertas cosas, luego asumimos que podemos hacerlas es.wikipedia.org. Tal vez, al final del día, la convivencia de la omnisciencia divina con el libre albedrío permanece como un misterio conciliable: conciliable en la práctica (vivimos, elegimos, aprendemos, nos arrepentimos, confiamos en un sentido último), pero misterioso en su mecanismo interno. Esta conclusión abierta puede parecer insatisfactoria para la razón pura, pero invita a la humildad y a seguir explorando.

En última instancia, cada enfoque –teológico o filosófico– aporta una pieza al rompecabezas. Puede que la respuesta completa escape a nuestra comprensión (como sugieren Maimónides y otros aishlatino.com), o puede que algún día logremos una síntesis más clara. Mientras tanto, la pregunta nos anima a profundizar en qué entendemos por Dios, por tiempo, por conocer y por libertad. En esa búsqueda, la conversación entre fe y razón continúa, enriqueciendo nuestra visión de nosotros mismos y del posible plan de un Ser omnisciente. ¿Somos marionetas o protagonistas? La postura que adoptemos dirá mucho de cómo enfrentamos nuestra vida, con sus retos éticos y sus esperanzas últimas. Por ahora, la mayoría parece concordar en esto: si la libertad es un don, es uno que vale la pena ejercer con responsabilidad, y si Dios existe y es omnisciente, confiemos en que Su conocimiento perfecto no está para aplastarnos, sino quizá para garantizarnos que nuestro peregrinaje por decisiones y consecuencias tiene un significado en un cuadro más amplio que solo Él ve completo es.wikipedia.org.

Bibliografía y referencias seleccionadas:

  • Agustín de Hipona, De libero arbitrio; La ciudad de Dios.
  • Tomás de Aquino, Suma Teológica, especialmente Parte I, cuestiones 14 (ciencia de Dios) y 83 (libre albedrío).
  • Luis de Molina, Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis (1588).
  • Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, Libro III (sobre la predestinación).
  • Maimónides, Mishné Torá – Leyes del arrepentimiento, cap. 5 (sobre el libre albedrío) es.wikipedia.org.
  • Pirkei Avot 3:15: “HaKol Tzafui vehaReshut Netunah” – “Todo está previsto, pero se da la libertad” es.wikipedia.org.
  • Al-Ghazali, Tahafut al-Falasifa (La incoherencia de los filósofos), y Ihya Ulum al-Din (Revitalización de las ciencias de la religión).
  • Averroes, Tahafut al-Tahafut (La incoherencia de la incoherencia).
  • Harry Frankfurt, “Alternate Possibilities and Moral Responsibility” (Ensayo, 1969).
  • Daniel Dennett, Elbow Room (1984) y Freedom Evolves (2003) es.wikipedia.org.
  • Sam Harris, Free Will (2012).

Referencias (enlaces):

  1. Wikipedia en español: “Libre albedrío – Responsabilidad moral y teorías” es.wikipedia.org es.wikipedia.org es.wikipedia.org es.wikipedia.org.
  2. Wikipedia en español: “Libre albedrío en la teología” – secciones sobre judaísmo e islam es.wikipedia.org es.wikipedia.org es.wikipedia.org es.wikipedia.org.
  3. World History Encyclopedia (español), “Agustín de Hipona” – apartado La cuestión del libre albedrío worldhistory.org.
  4. Wikipedia en español: “Libre albedrío” – influencia de Agustín y Aquino; Dios fuera del tiempo es.wikipedia.org.
  5. Wikipedia en español: “Libre albedrío en la teología” – cita de Boecio sobre Dios viendo el tiempo como presente es.wikipedia.org.
  6. AishLatino.com: “Si Dios es omnisciente, ¿cómo puedo tener libre albedrío?” – analogía del dedo en Planilandia y reflexión final de que la contradicción escapa a la mente humana aishlatino.com aishlatino.com.
  7. Wikipedia en español: “Libre albedrío en la teología” – cita de Pirkei Avot y explicación clásica de la paradoja en el pensamiento judío es.wikipedia.org es.wikipedia.org.
  8. Wikipedia en español: “Libre albedrío en la teología” – pasajes sobre Maimónides y libre albedrío es.wikipedia.org.
  9. Wikipedia en español: “Libre albedrío en la teología” – escuela de Juan Calvino sobre el libre albedrío natural vs. esclavitud del pecado es.wikipedia.org es.wikipedia.org.
  10. Wikipedia en español: “Libre albedrío en la teología” – argumentación de L. Boettner sobre presciencia vs. predeterminación es.wikipedia.org.


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