La coexistencia de Homo sapiens con otras especies humanas y el mito de las “razas” humanas
25 Jul 2025
La coexistencia de Homo sapiens con otras especies humanas y el mito de las “razas” humanas
Introducción
A lo largo de la evolución humana, Homo sapiens no estuvo siempre solo. Diversas especies humanas (a veces incorrectamente llamadas “razas” en lenguaje coloquial) coexistieron en distintos lugares y épocas con los humanos modernos. En los últimos 300 mil años –el período de existencia de Homo sapiens– el planeta fue compartido con neandertales, denisovanos, “hobbits” de la isla de Flores, Homo luzonensis de Filipinas, remanentes tardíos de Homo erectus en Asia, enigmáticos homínidos africanos como Homo naledi e incluso posiblemente otras poblaciones arcaicas desconocidas xataka.com elpais.com. En este informe exploramos, con enfoque antropológico y genético, cuáles fueron esas especies humanas, cuándo y dónde vivieron, sus diferencias morfológicas, cognitivas, culturales y genéticas, la evidencia de interacciones o mestizaje con Homo sapiens, y qué ocurrió finalmente con ellas. Además, analizaremos el concepto moderno de “raza humana”, explicando por qué desde la genética y la antropología actuales no existen razas humanas biológicas, sino una única especie con variaciones mínimas. Concluiremos aclarando por qué es erróneo usar el término “razas” para referirse a diferencias fenotípicas como el color de piel, y cómo ese malentendido ha impactado la historia.
Especies humanas que coexistieron con Homo sapiens
Durante el Pleistoceno tardío, especialmente en los últimos 100 mil años, Homo sapiens llegó a convivir temporal o espacialmente con varias especies de Homo. Las evidencias fósiles y genéticas confirman la coincidencia cronológica de al menos siete u ocho especies humanas además de la nuestra xataka.com. A continuación, describimos las más destacadas, sus características y distribución:
Homo neanderthalensis (Neandertales)
Los neandertales fueron los clásicos “primos” evolutivos de Homo sapiens. Vivieron desde hace ~400 mil hasta 30–40 mil años atrás en Europa, Medio Oriente y partes de Asia occidental revistas.inah.gob.mx es.wikipedia.org. Morfológicamente, estaban adaptados a climas fríos: de estatura baja, tórax ancho y esqueleto robusto, con musculatura muy fuerte revistas.inah.gob.mx. Poseían cráneos alargados con frente inclinada, prominentes arcos superciliares (sobresalientes cejas óseas) y carecían de mentón prominente studysmarter.es studysmarter.es. Tenían nariz grande y proyectada, posiblemente para calentar el aire frío antes de inhalarlo revistas.inah.gob.mx. Curiosamente, su capacidad craneal promedio (1500–1600 cc) era comparable e incluso ligeramente mayor que la de los humanos modernos, aunque con diferente organización cerebral studysmarter.es.
En el plano cognitivo y cultural, los neandertales desarrollaron una cultura Musteriense con herramientas líticas sofisticadas (raederas, puntas de lanza, etc.), fabricadas con técnicas avanzadas de talla de piedra studysmarter.es. Evidencias arqueológicas sugieren que cazaban en grupo, controlaban el fuego, y cuidaban de sus heridos o enfermos, lo que indica comportamientos sociales complejos studysmarter.es. También realizaron prácticas simbólicas limitadas: por ejemplo, enterraban intencionalmente a sus muertos en algunos sitios y adornaban sus cuerpos con pigmentos o adornos simples (como garras de águila) según hallazgos recientes. Si bien durante décadas se les consideró inferiores intelectualmente, hoy se reconoce que poseían habilidades cognitivas avanzadas –quizá con lenguaje articulado rudimentario– aunque posiblemente su capacidad de innovación cultural fue menor que la de Homo sapiens. Aun así, los neandertales sobrevivieron exitosamente cientos de miles de años en climas duros, lo que denota una notable adaptación conductual.
Genéticamente, Homo neanderthalensis era lo suficientemente cercano a Homo sapiens como para intercruzarse y tener descendencia fértil. De hecho, los estudios de ADN antiguo revelaron que los humanos modernos de origen no africano llevan en promedio un ~2% de genes neandertales en su genoma xataka.com. Esta huella genética confirma que hubo mestizaje entre ambas especies, probablemente ocurrido en el Cercano Oriente poco después de la salida de sapiens de África (~60–50 mil años atrás). En África subsahariana actual la proporción es menor (<0.5%) debido a que las poblaciones que no migraron estuvieron aisladas de esos cruces xataka.com. Los neandertales se extinguieron hace unos 40 mil años; los últimos grupos conocidos dejaron rastro en Europa meridional (por ejemplo, en Gibraltar) y en Asia occidental. Las causas de su desaparición aún se debaten: pudieron influir cambios climáticos severos durante el último máximo glacial, una “trampa demográfica” de poblaciones pequeñas con consanguinidad creciente, o la competencia por recursos frente a grupos de Homo sapiens en expansión xataka.com xataka.com. Es probable que factores combinados llevaran a su declive final. Parte de su legado, sin embargo, permanece vivo en nosotros a través de los genes heredados que contribuyeron a nuestra diversidad (por ejemplo, variantes neandertales relacionadas con la inmunidad y otras funciones) es.wikipedia.org.
Comparación de cráneos de Homo sapiens (izquierda) y Homo neanderthalensis (derecha) del Museo de Historia Natural de Cleveland. Nótese en el neandertal el frente más bajo y sloping, los arcos superciliares pronunciados y la cavidad nasal amplia, versus el cráneo más globular y frente alta del humano moderno commons.wikimedia.org.
Homo denisova (Denisovanos)
Los denisovanos, llamados así por la cueva Denisova en Siberia donde fueron identificados, representan una especie humana arcaica descubierta mediante ADN más que por fósiles clásicos. Vivieron en Asia durante el Pleistoceno tardío, posiblemente desde hace ~300 mil hasta 50 mil años. Se cree que compartían un ancestro común con los neandertales hace unos 600–700 mil años, y de hecho eran filogenéticamente cercanos a estos es.wikipedia.org. Sin embargo, formaban un linaje distinto, disperso por Asia Central, Oriental y el Sureste asiático. Fósiles atribuidos a denisovanos son escasos: fragmentos como un hueso de dedo y muelas grandes halladas en Denisova, y una mandíbula en el Tíbet. Estos restos sugieren que físicamente podrían haber sido robustos, quizás con rasgos faciales similares a neandertales, pero no hay reconstrucciones completas.
La mayor parte de nuestro conocimiento proviene del genoma denisovano, que fue secuenciado a partir de aquellos restos. Los datos genéticos revelaron que también hubo cruces entre denisovanos y Homo sapiens. En poblaciones actuales de Oceanía y partes de Asia se conserva una fracción notable de ascendencia denisovana: pueblos melanesios, aborígenes australianos y negritos filipinos portan entre un 4% y 6% de ADN denisovano en promedio es.wikipedia.org. En poblaciones del este de Asia continental la proporción es menor pero detectable. Esto indica que cuando los humanos modernos se expandieron por Asia, encontraron y se mestizaron con grupos denisovanos. Un legado famoso de esa mezcla es una variante genética en poblaciones tibetanas (en el gen EPAS1) que mejora la adaptación a la altura, heredada de denisovanos. Además, estudios han identificado en la cueva Denisova un fósil perteneciente a un híbrido directo: una adolescente de hace ~90 mil años hija de madre neandertal y padre denisovano
es.wikipedia.org, evidencia asombrosa de que tres linajes humanos (sapiens, neandertal y denisovano) interactuaban en ese entonces.
Culturalmente, se conoce poco de los denisovanos, pues sus herramientas materiales no se distinguen fácilmente. En Denisova compartieron la cueva con ocupaciones neandertales y quizás sapiens; es posible que usaran tecnologías líticas similares a las de estos. Su extinción como grupo definido ocurrió hacia 40–50 mil años atrás. Probablemente fueron asimilados genéticamente al cruzarse con las oleadas de Homo sapiens (sus genes “sobreviven” en nuestra especie), y/o quedaron aislados en hábitats extremos hasta desaparecer. Dado que los denisovanos habitaron una vasta área, es posible que su declive esté ligado a la fragmentación de sus poblaciones por cambios climáticos (glaciaciones que transformaron bosques en estepas, etc.) sumados a la presión de humanos modernos mejor adaptados o más numerosos.
Homo floresiensis (“Hobbit” de Flores)
Entre las especies más sorprendentes coexistentes con Homo sapiens está Homo floresiensis, apodado “el hobbit” por su diminuto tamaño. Sus restos se descubrieron en la cueva Liang Bua de la isla de Flores (Indonesia) en 2003. Homo floresiensis medía apenas ~1 metro de estatura, con un peso estimado de 25 kg, y tenía un cerebro diminuto de ~380 cm³ (similar al de un chimpancé) es.wikipedia.org. A pesar de su pequeña capacidad craneal, este homínido fabricaba utensilios de piedra sofisticados acordes a su talla, y cazaba fauna local como elefantes enanos (Stegodon) y grandes lagartos (dragones de Komodo) es.wikipedia.org es.wikipedia.org. Este mosaico de rasgos –cuerpo y cerebro reducidos pero comportamiento humano– lo hace extraordinario. Se cree que H. floresiensis desciende de alguna población de Homo erectus u otro homínido arcaico que quedó aislado en Flores hace más de 700 mil años, y posteriormente evolucionó un tamaño enano por efecto del aislamiento insular (fenómeno de enanismo isleño) es.wikipedia.org.
Homo floresiensis sobrevivió hasta fecha reciente, contemporáneo a Homo sapiens. Inicialmente se pensó que vivió hasta hace solo 12 mil años, pero dataciones más recientes indican que se extinguió hace ~50 000 años, coincidiendo con la época en que Homo sapiens llegó a la región es.wikipedia.org. Es muy posible que humanos anatómicamente modernos, al colonizar Indonesia y Australia (~50–60 mil años atrás), hayan entrado en contacto con estos “hobbits”. No obstante, no existe evidencia genética de mestizaje con H. floresiensis –no se ha logrado extraer ADN utilizable de sus huesos dada su antigüedad en clima tropical–. Su desaparición pudo deberse a cambios ambientales (erupciones volcánicas en Flores, u otros eventos) y a la competencia con Homo sapiens por los recursos de la isla. En resumen, esta pequeña pero tenaz especie humana representa una rama lateral muy distinta, que persistió hasta los albores de la expansión global de nuestra especie antes de desaparecer.
Homo luzonensis (Hombre de Callao)
Otro hallazgo reciente e intrigante es Homo luzonensis, identificado en la isla de Luzón (Filipinas). Sus restos –dientes y huesos del pie y mano– fueron descubiertos en la cueva de Callao y datados en 67 mil a ~50 mil años de antigüedad es.wikipedia.org. Al igual que Homo floresiensis, H. luzonensis parece haber sido de talla pequeña, aunque los fósiles son fragmentarios. Sus dientes presentan mezcla de rasgos arcaicos y modernos, indicando un linaje humano distinto. La presencia de herramientas líticas en Filipinas de hasta 700 mil años sugiere que ancestros de H. luzonensis llegaron allí mucho antes. Esta especie coexistió temporalmente con Homo sapiens en la región: humanos modernos posiblemente alcanzaron Filipinas hace ~50 mil años, justo cuando H. luzonensis desaparecía. No se han encontrado evidencias de interacción o mestizaje; es probable que, al igual que en Flores, la llegada de sapiens y/o cambios ambientales marcaran el fin de este homínido isleño. H. luzonensis refuerza el panorama de diversidad humana en el sureste asiático: varias especies de Homo adaptadas a islas diferentes, todas extinguidas hacia el final del Pleistoceno terraeantiqvae.com.
Homo erectus (remanentes tardíos)
Homo erectus fue una especie pionera, extendida por África y Asia hace entre 1.8 millones y 300 mil años. En la mayor parte de sus dominios desapareció mucho antes de la aparición de Homo sapiens; sin embargo, pequeñas poblaciones relictas de H. erectus sobrevivieron en el sureste asiático hasta tiempos en que ya existían humanos modernos. En la isla de Java (Indonesia), se han fechado los últimos fósiles de Homo erectus en entre 117 000 y 108 000 años de antigüedad terraeantiqvae.com. Estos últimos Homo erectus de Ngandong presentaban cerebros algo más grandes y anatomía más avanzada que los erectus antiguos, mostrando evolución local terraeantiqvae.com. Vivieron aproximadamente al mismo tiempo que Homo floresiensis en la vecina isla de Flores y que Homo luzonensis en Filipinas, representando tres trayectorias evolutivas distintas de homínidos en el archipiélago asiático, todas finalmente extinguidas terraeantiqvae.com. No hay evidencia de que Homo erectus y Homo sapiens llegaran a encontrarse directamente: los humanos modernos aún no habían llegado a Java en tiempos de Ngandong (H. sapiens no pisó esa isla hasta hace ~36 mil años) terraeantiqvae.com. Por tanto, la extinción de estos erectus tardíos no fue producto de confrontación directa con nuestra especie, sino posiblemente de eventos catastróficos o ambientales. Estudios sugieren que murieron junto con fauna local en un gran evento repentino, quizá una inundación masiva u otra catástrofe natural que afectó a una población ya estresada y en declive
terraeantiqvae.com. Con la desaparición de Homo erectus en Java (~108 mil años atrás), quedaba eliminada una de las especies humanas más longevas (H. erectus existió casi 1.5 millones de años). Esto ocurrió antes de que Homo sapiens se dispersara ampliamente por Asia, pero durante varios milenios ambas especies coexistieron en el planeta en distintos continentes.
Homo rhodesiensis / Homo heidelbergensis (humanos arcaicos africanos)
En África, el escenario fue igualmente complejo. Los primeros Homo sapiens arcaicos emergen hacia 300 000 años atrás, pero coexistieron con otras poblaciones humanas arcaicas. Homo rhodesiensis es el nombre dado a ciertos fósiles africanos de entre 300 000 y 125 000 años, como el célebre Cráneo de Kabwe (Zambia). Estos homínidos presentaban combinación de rasgos primitvos (brow ridges enormes, cara ancha) y cerebros de tamaño intermedio, y podrían representar una fase evolutiva intermedia (a veces considerada Homo heidelbergensis africano) que dio origen a Homo sapiens. Es decir, más que una especie “hermana”, H. rhodesiensis puede haber sido ancestral directo de los sapiens, pero durante un tiempo compartió el continente con los primeros humanos anatómicamente modernos que iban surgiendo elpais.com. Del mismo modo, restos marroquíes (Jebel Irhoud, ~315 ka) muestran una morfología transicional. Estos grupos arcaicos persistieron hasta el Pleistoceno medio-tardío; algunos podrían haber contribuido genéticamente a poblaciones sapiens en África. Por ejemplo, ciertas poblaciones africanas actuales portan pequeñas fracciones de ADN “fantasma” que sugieren cruces con un homínido arcaico desconocido en África hace decenas de milenios terraeantiqvae.com. Es posible que Homo rhodesiensis (o una forma relacionada) sea ese linaje “fantasma” que se mezcló con ancestros de algunos africanos occidentales, aportando hasta ~8% de su ascendencia genética terraeantiqvae.com. En resumen, África hace 200–300 mil años albergaba un mosaico de linajes humanos: proto-sapiens, formas arcaicas persistentes e incluso especies relictas de cerebro pequeño (como Homo naledi, abajo). Esta diversidad interna desapareció gradualmente al expandirse los verdaderos Homo sapiens modernos por todo el continente hace ~100–50 mil años, sustituyendo o absorbiendo a aquellas poblaciones anteriores.
Homo naledi
Descubierto en 2015 en el sistema de cuevas Rising Star (Sudáfrica), Homo naledi sorprendió al mundo por su mezcla de caracteres arcaicos y modernos, y por su inesperada datación. Físicamente era un homínido de aprox. 1.5 metros de estatura, con un cerebro muy pequeño (~500 cc, comparable al de un chimpancé) elpais.com. Su anatomía combina un tronco, hombros y pelvis primitivos (recuerdan a Australopithecus) con manos relativamente modernas (dedo pulgar hábil para manipular) y pies casi indistinguibles de los de Homo sapiens, adaptados a caminar erguidos elpais.com. Fue llamado un “Frankenstein evolutivo” por esta curiosa combinación elpais.com. Inicialmente no se sabía su antigüedad, pero los estudios de 2017 revelaron que vivió entre 335 000 y 236 000 años atrás elpais.com. ¡Esto significa que coexistió en África con los primeros Homo sapiens! Que un homínido tan primitivo (de cerebro diminuto) sobreviviera hasta tan recientemente, compartiendo ecosistemas con humanos mucho más encefalizados, resultó asombroso e hizo replantear la idea lineal de la evolución elpais.com elpais.com.
Homo naledi habitaba probablemente un nicho restringido en África austral. Se han encontrado más de 1500 huesos de al menos 15 individuos en una cueva de difícil acceso, lo que llevó a los investigadores a proponer que podrían haber depositado intencionalmente a sus muertos allí –un rudimentario comportamiento funerario inesperado para un homínido de cerebro pequeño elpais.com elpais.com–. Esto sugiere cierto grado de complejidad social o ritual. No obstante, no se han hallado herramientas asociadas directamente a H. naledi; quizá utilizaban útiles muy simples de madera o piedra cuya atribución es difícil. Tampoco tenemos información genética (el ADN no se conserva en ese entorno). Su extinción debió ocurrir hace ~230 mil años o poco después. Dado que Homo naledi ocupaba la sabana sudafricana, queda la incógnita de cómo pudo subsistir aislado tanto tiempo junto a formas humanas más avanzadas elpais.com. Es posible que ocuparan un nicho ecológico diferente o de menor competencia. En todo caso, hacia 200 mil años atrás ya no quedan rastros de naledi; probablemente sucumbió por cambios ambientales locales o fue finalmente desplazado por humanos modernos al expandirse por África. El caso de Homo naledi, al igual que el del “hobbit” de Flores, demuestra que la diversidad del género Homo persistió muy entrada la era de Homo sapiens, desafiando la noción de un reemplazo inmediato.
Otras posibles poblaciones contemporáneas
Además de las especies listadas, existen indicios de otras poblaciones humanas arcaicas que coexistieron tardíamente. Por ejemplo, en China se hallaron fósiles de hace ~14–11 mil años (final de la última glaciación) con rasgos arcaicos inusuales, denominados coloquialmente “Hombres de la Cueva del Ciervo Rojo”. Su estatus es incierto –podrían representar simplemente variabilidad de Homo sapiens tempranos en Asia–, pero se han llegado a proponer como un linaje superviviente tardío xataka.com es.wikipedia.org. Estos restos sugieren que incluso en tiempos muy recientes, casi en el Holoceno, podrían haber existido humanos de anatomía diferente conviviendo con sapiens. No obstante, hasta ahora no se ha obtenido ADN que clarifique su identidad, y la mayoría de antropólogos los consideran humanos modernos con características inusuales. En cualquier caso, el panorama general es que hace ~50 mil años coexistían múltiples humanidades en distintas regiones; y para ~30 mil años, con la desaparición de Neandertales y Denisovanos, Homo sapiens quedó como la única especie humana en la Tierra.
Evidencias de interacción y mestizaje genético entre especies humanas
Uno de los avances más reveladores de la paleoantropología genética ha sido demostrar que estas especies humanas no eran compartimentos estancos, sino que llegaron a encontrarse e hibridarse en varias ocasiones. Ya mencionamos los casos de mestizaje entre Homo sapiens y neandertales (aportando ~2% del genoma de los no africanos)
xataka.com, así como entre sapiens y denisovanos (aportando ~5% en melanesios) es.wikipedia.org. Estas mezclas enriquecieron el acervo genético de Homo sapiens con variantes nuevas; por ejemplo, ciertos genes de inmunidad (HLA) fueron heredados de neandertales y denisovanos, posiblemente ayudando a los sapiens a enfrentar patógenos fuera de África es.wikipedia.org. También se han identificado genes arcaicos que contribuyeron a adaptaciones locales, como la variante denisovana asociada a la respiración en altura en tibetanos. Estas son señales claras de flujo génico entre linajes humanos.
Por otro lado, la sorprendente identificación de un individuo híbrido de primera generación (madre neandertal, padre denisovano) hallado en Denisova sugiere que neandertales y denisovanos también se cruzaron entre sí con relativa facilidad es.wikipedia.org. Es decir, hace ~50–90 mil años en Eurasia había una red entrelazada de poblaciones humanas emparentadas que intercambiaban genes cuando se encontraban.
En África, como se mencionó, aunque no tenemos ADN fósil de neandertales o denisovanos (que no vivían allí), sí hay señales genéticas de mestizajes con linajes arcaicos africanos. Estudios estadísticos detectaron que ciertas etnias (por ejemplo, Yoruba de África occidental) poseen hasta un 7–8% de alelos que no provienen de ninguna población humana conocida, sino de una “especie fantasma” que divergió muy temprano terraeantiqvae.com. Se especula que podría tratarse de supervivientes africanos de Homo heidelbergensis o similar con los que los sapiens anatómicamente modernos se cruzaron al expandirse dentro de África terraeantiqvae.com terraeantiqvae.com. Esto indica que el mestizaje entre distintas humanidades no fue exclusivo de Eurasia; probablemente ocurrió dondequiera que varios linajes coincidieron.
En contraste, con especies muy divergentes como Homo floresiensis o Homo naledi, no se ha encontrado evidencia de mezcla genética –lo cual era esperable dada su distancia evolutiva y aislamiento geográfico, aunque tampoco podemos descartarlo totalmente sin datos genómicos (simplemente podría no haber ocurrido contacto o los híbridos no ser viables).
En síntesis, la genética refuerza una idea: los límites entre estas “especies” humanas eran borrosos en algunos casos. Pese a sus diferencias morfológicas, eran lo suficientemente cercanos como para engendrar descendencia fértil, por lo que algunos científicos incluso proponen que neandertales y denisovanos podrían considerarse subespecies de Homo sapiens. Sin embargo, desde el punto de vista práctico, estas poblaciones tenían identidades evolutivas propias que dejaron de existir como grupos separados. Sus genes perviven en la única especie superviviente, Homo sapiens, diluidos por la mezcla. Tal fenómeno ha llevado a la hipótesis de la “asimilación”: en vez de extinciones totales, algunas especies humanas fueron absorbidas por la nuestra xataka.com. En cualquier caso, el resultado final es que la diversidad humana que existió alguna vez terminó convergiendo genéticamente en una sola línea: la de los humanos modernos actuales.
¿Qué sucedió con las demás especies humanas? – Supervivencia de Homo sapiens
Considerando que hace 50–100 mil años había múltiples humanidades y hoy solo quedamos nosotros, surge la pregunta: ¿por qué Homo sapiens fue la única especie que sobrevivió? Las causas exactas son complejas y probablemente diferentes en cada caso, pero los científicos esbozan varias explicaciones generales:
- Competencia y desplazamiento: Una teoría es que los Homo sapiens, al expandirse fuera de África, fueron competidores más exitosos por recursos, desplazando a las especies locales. Sapiens podría haber tenido ventajas en tecnología (herramientas más versátiles, proyectiles arrojadizos como arcos o lanzas arrojadizas, frente a las lanzas de mano neandertales), en organización social (redes de cooperación e intercambio más amplias) o en capacidad innovadora. Esto habría llevado a un reemplazo competitivo –directo o indirecto– de los otros humanos. Sin embargo, nuevos hallazgos sugieren que la coexistencia en algunos lugares fue más prolongada de lo que se creía (por ejemplo, sapiens y neandertales alternándose en la cueva de Mandrin, Francia, por miles de años) xataka.com xataka.com, lo que indica que la sustitución quizás no fue siempre inmediata ni puramente competitiva.
- Bajas cifras poblacionales (trampa demográfica): Las especies humanas arcaicas generalmente tenían poblaciones pequeñas y dispersas. Se ha propuesto que los neandertales, por ejemplo, ya estaban demográficamente debilitados hacia el final de su existencia: sus números reducidos los hacían vulnerables a la deriva genética y a la endogamia, llevando a una espiral de declive poblacional espontáneo xataka.com xataka.com. En este escenario, aunque llegara Homo sapiens o no, los neandertales pudieron haber desaparecido simplemente al cruzar un umbral crítico de baja diversidad genética y baja natalidad. Lo mismo pudo ocurrirle a grupos aislados como H. floresiensis o H. naledi: poblaciones ya limitadas que no pudieron sostenerse ante fluctuaciones ambientales o eventos catastróficos.
- Cambios climáticos abruptos: El período final del Pleistoceno (50k–10k años atrás) vio fluctuaciones climáticas dramáticas –glaciaciones severas seguidas de rápidos calentamientos– que alteraron hábitats. Muchos expertos apuntan al cambio climático como factor clave en extinciones humanas arcaicas xataka.com. Por ejemplo, el enfriamiento extremo hace ~40–30 mil años redujo la cobertura forestal y las presas animales en Europa, lo que pudo afectar desproporcionadamente a los neandertales, cazadores especializados en grandes mamíferos. Homo sapiens, con su mayor movilidad y tal vez mejor planificación, habría resistido mejor esas adversidades. Del mismo modo, en zonas tropicales, cambios en patrones de lluvia o desastres naturales (erupciones volcánicas, inundaciones) podrían haber eliminado enclaves aislados de otras especies. El clima adverso también pudo fragmentar poblaciones (vía expansión de glaciares, subida del nivel del mar formando islas, etc.), creando aislamientos geográficos que agravaron la “trampa demográfica” mencionada xataka.com.
- Ventajas cognitivas y culturales de Homo sapiens: Aunque difícil de cuantificar, se suele argumentar que Homo sapiens desarrolló un grado de flexibilidad cognitiva y creatividad cultural superior. Pruebas de arte rupestre, ornamentación prolífica, calendarios lunares y otras expresiones simbólicas surgen con los sapiens del Paleolítico superior, sin equivalente claro en neandertales (salvo contadas excepciones). También la innovación en herramientas (por ejemplo, agujas de coser ropa abrigada, redes de pesca, trampas) y en estrategias (domesticación del perro para cazar, etc.) pudo haber dado a sapiens una ventaja de supervivencia. Un factor crucial puede haber sido el lenguaje complejo, que habría permitido transmitir conocimientos más eficientemente y coordinar grupos grandes. Esto habría hecho a Homo sapiens más adaptable a distintos entornos y capaz de colonizar regiones donde otros humanos no llegaban (cruzar estrechos oceánicos hacia Australia, América, etc.).
- Asimilación genética: Como ya se discutió, en vez de un exterminio total, en algunos casos Homo sapiens absorbió a las otras poblaciones. La hipótesis de la asimilación plantea que neandertales y denisovanos, por ejemplo, no “desaparecieron” completamente sino que fueron incorporados en la creciente población sapiens xataka.com. En ese sentido, Homo sapiens no es un “superviviente único” aislado, sino el resultado de la fusión de varios linajes humanos. Esta visión difumina la idea de extinción reemplazada por la de continuidad genética parcial.
En resumen, no hubo una sola causa universal para la desaparición de las otras especies humanas; cada una enfrentó sus propios desafíos. Pero Homo sapiens, gracias a una combinación de resiliencia demográfica, movilidad, innovación y quizá un golpe de suerte evolutivo, logró sobrevivir y expandirse por todo el globo. Para hace unos 10 mil años, éramos ya el único representante del género Homo en la Tierra. Este resultado –que puede parecer inevitable en retrospectiva– estuvo lejos de ser evidente durante gran parte de la prehistoria, cuando compartir el planeta con “otros humanos” era la norma.
El concepto moderno de “raza humana”
Una vez aclarado que Homo sapiens es hoy la única especie humana viva, surge la cuestión: ¿qué hay de las llamadas “razas” humanas actuales? Históricamente, los seres humanos nos hemos dividido socialmente por criterios fenotípicos como la piel clara u oscura, llamando a estos grupos “razas”. Sin embargo, desde la genética y la antropología se ha demostrado que la noción biológica de raza humana carece de sentido científico genotipia.com abc.es. No existen subespecies ni razas dentro de Homo sapiens: todos los humanos modernos compartimos un origen común reciente y un acervo genético sumamente similar.
Genéticamente, cualquier dos personas son aproximadamente 99.9% idénticas en su ADN. La pequeña fracción de variación existente se distribuye gradualmente (en clinas) y no forma categorías discretas. De hecho, la mayoría de la diversidad genética humana se encuentra dentro de cada población, más que entre poblaciones diferentes. Como concluyó la UNESCO tras reunir a expertos, “las diferencias entre individuos de una misma raza o población suelen ser mayores que las diferencias medias existentes entre razas”
courier.unesco.org. Esto significa que dos personas etiquetadas de la misma “raza” pueden ser genéticamente más distintas entre sí que una de ellas con otra persona de diferente “raza”. Por ejemplo, la variación genética dentro del continente africano es la más alta del mundo –al ser África la cuna original de nuestra especie–, de modo que dos grupos africanos pueden diferir más mutuamente que un europeo y un asiático.
¿Por qué, entonces, características como el color de piel varían geográficamente? La respuesta está en la adaptación local. Rasgos como la pigmentación cutánea, la forma del rostro o la estatura han evolucionado bajo presiones ambientales específicas, pero de forma independiente unos de otros. La piel es un caso ilustrativo: nuestros ancestros comunes probablemente tenían piel clara cubierta de vello; al perder el pelo corporal bajo el sol africano, una piel oscura proporcionó protección contra la radiación UV, y por selección natural esa característica se fijó en poblaciones ecuatoriales genotipia.com. Mucho más tarde, grupos que migraron a latitudes altas con menor sol experimentaron una depigmentación parcial para favorecer la síntesis de vitamina D –piel más clara–, en un equilibrio distinto de presiones genotipia.com. Estos cambios ocurrieron en varios lugares de modo convergente: por eso poblaciones tan separadas como africanos subsaharianos, melanesios y aborígenes australianos comparten piel oscura, mientras europeos, asiáticos del norte y amerindios tienden a tez más clara genotipia.com. Sin embargo, esta similitud superficial no implica un linaje racial común, sino adaptaciones similares. Genéticamente, los colores de piel similares pueden resultar de combinaciones genéticas diferentes genotipia.com. Múltiples genes intervienen en la pigmentación (MC1R, SLC24A5, OCA2, etc.), y distintas mutaciones en poblaciones distintas han producido tonalidades parecidas. Así, el color de piel no traza líneas genealógicas claras. No es posible delimitar grupos humanos biológicos discretos basados en la piel u otros rasgos aislados genotipia.com.
Lo mismo ocurre con otras características y adaptaciones: los inuit (esquimales) han desarrollado variantes metabólicas para dietas muy ricas en grasa y tolerancia al frío extremo; ciertos pueblos del África oriental tienen complexiones esbeltas adecuadas para maratones; comunidades como los bajau (nómadas del mar del sureste asiático) tienen adaptaciones para buceo prolongado genotipia.com genotipia.com… Cada población presenta algunas peculiaridades genéticas debidas a su historia evolutiva local. Pero esas variaciones no se agrupan todas en los mismos conjuntos de poblaciones. Por ejemplo, la capacidad de digerir la lactosa en adultos (tolerancia a la leche) es frecuente en europeos y ciertas etnias de África y Medio Oriente que domesticaron ganado lechero, pero es baja en Asia Oriental –no sigue una división racial amplia, sino cultural-geográfica
genotipia.com. La anemia falciforme es común en grupos del África occidental como mecanismo contra la malaria, sin relación con la tez de la piel genotipia.com. En resumen, cada rasgo tiene su propia distribución, y no hay un conjunto fijo de rasgos que definan “razas” distinguibles. Las clasificaciones raciales históricas (caucásica, negra, asiática, etc.) fueron basadas en unos pocos rasgos visibles y eran arbitrarias. La ciencia moderna muestra que esas categorías no corresponden a unidades genéticas coherentes courier.unesco.org. Como declaró una publicación de la Universidad Nacional Autónoma de México, “la ciencia ha demostrado que el concepto de raza en humanos no tiene fundamento biológico” unamglobal.unam.mx.
Por ello, los antropólogos y genetistas actuales prefieren hablar de poblaciones o orígenes geográficos cuando se refieren a variaciones humanas, en lugar de “razas”. Todos los seres humanos pertenecemos a la misma especie Homo sapiens y compartimos un mismo tronco común relativamente reciente
courier.unesco.org. Tras la dispersión fuera de África, nuestras diferentes poblaciones se han diversificado ligeramente, pero también se han mezclado continuamente a lo largo de la historia mediante migraciones y mestizaje. No ha habido aislamiento suficiente ni tiempo evolutivo para que surgieran subespecies diferenciadas. De hecho, la especie humana es genéticamente extraordinariamente homogénea si la comparamos con otros mamíferos: dos chimpancés tomados al azar en África pueden ser mucho más distintos genéticamente entre sí que dos humanos de continentes diferentes. Esto confirma nuestra reciente ascendencia común y hace que hablar de “razas” separadas carezca de rigor.
Cabe enfatizar que rechazar el concepto biológico de raza no niega la existencia de variaciones fenotípicas ni de identidades culturales ligadas a la etnia. Lo que afirma es que, biológicamente, esas diferencias son graduales y superficiales, sin dividir a la humanidad en ramas separadas. En palabras de un genetista, “las razas humanas no existen, la diversidad genética sí” genotipia.com courier.unesco.org. Entender esto es crucial para abordar el concepto de raza correctamente en el contexto moderno.
Conclusiones
En este recorrido hemos visto que Homo sapiens compartió la Tierra con varias especies humanas durante su evolución. Los neandertales en Europa y Asia occidental, los enigmáticos denisovanos en Asia, los diminutos Homo floresiensis en Indonesia y Homo luzonensis en Filipinas, los últimos Homo erectus en Java, así como formas arcaicas africanas (Homo naledi, Homo rhodesiensis) –todas coexistieron en distintos momentos con los humanos modernos. Cada una presentaba diferencias morfológicas (desde robustez corporal hasta talla diminuta), quizás algunas diferencias cognitivas o culturales, y desde luego diferencias genéticas, aunque no lo suficientemente grandes como para impedir cruzamientos en ciertos casos. Hubo interacción y mestizaje: nuestra especie llegó a entremezclarse genéticamente con neandertales, denisovanos y posiblemente otros, incorporando parte de su herencia. Al final, sin embargo, todas esas humanidades alternativas se extinguieron por diversas razones –climáticas, demográficas, competitivas o asimilativas– dejando a Homo sapiens como el último Homo sobre el planeta.
Por otro lado, analizamos cómo en la actualidad, pese a nuestra variación superficial, todos los seres humanos pertenecemos a una única especie sin subdivisión racial válida. Las antiguas ideas de “razas” humanas distintas no se sostienen científicamente: las diferencias genéticas entre poblaciones son mínimas, graduales y no configuran grupos separados. Usar el término “raza” para referirse a diferencias fenotípicas como el color de piel es erróneo porque implica una categorización biológica inexistente. En realidad, esas características son adaptaciones locales en una especie ampliamente móvil y mezclada, no señales de linajes separados.
El malentendido de concebir las diferencias humanas en términos de “razas” ha tenido un profundo impacto histórico, lamentablemente negativo. Durante siglos, la falsa creencia en razas superiores e inferiores sirvió para justificar la esclavitud, la colonización, la segregación y el genocidio. Políticas de discriminación racial y teorías pseudocientíficas (eugenesia, racismo científico del siglo XIX-XX) se basaron en la noción infundada de que la humanidad estaba dividida en razas biológicas con distintas capacidades. Esto provocó sufrimiento y divisiones sociales enormes. Incluso hoy, aunque la ciencia lo desmienta, los prejuicios raciales persisten como construcciones sociales aprendidas.
Comprender que solo existe una raza humana: la humana, con una rica pero sutil diversidad interna, es esencial para combatir esos prejuicios. Como concluyeron los expertos de la UNESCO en 1964, insistir en clasificaciones raciales rígidas conlleva “el riesgo de incitar a generalizaciones abusivas”, mientras que reconocer la variabilidad humana sin categorías absolutas refleja mejor la realidad biológica courier.unesco.org. En definitiva, todos descendemos del mismo origen y compartimos el 99.9% del código genético; las diferencias visibles que a menudo han dividido a la humanidad son literamente superficiales.
En conclusión, así como Homo sapiens prevaleció integrando en su linaje a las otras especies humanas, hoy la humanidad solo podrá prosperar entendiéndose como una sola familia, libre de mitos raciales. Las lecciones de la antropología y la genética nos invitan a celebrar la unidad fundamental de nuestra especie y a apreciar la diversidad poblacional como un continuo, no como “razas” separadas. La historia nos muestra los peligros de malinterpretar la variación humana; el presente exige que superemos ese legado y abracemos la evidencia científica: las razas humanas no existen genotipia.com, y emplear ese término para diferencias fenotípicas es un error que debemos corregir para evitar repetir las injusticias del pasado.
Fuentes: Las afirmaciones y datos aquí expuestos se respaldan en evidencia científica de paleoantropología y genética humana, con referencias específicas incluidas en el texto para mayor detalle. Hemos consultado estudios recientes sobre evolución humana xataka.com elpais.com, así como declaraciones de consenso internacional sobre la inexistencia de razas biológicas courier.unesco.org genotipia.com, entre otros. Estas referencias ilustran el estado actual del conocimiento sobre nuestra historia evolutiva compartida y la unidad de la humanidad contemporánea.